Por Laura Silva
25 junio, 2015

Y no pueden juzgarme por ello.

Sí, suena bastante importante el título, ¿no? Pero realmente es así. Al fin después de 4 años pude volver a usar mis pantalones favoritos, que por suerte tenía guardados aún. Creo.

Sí me compré otros pantalones en el intertanto, algunos bastante bonitos ah. Pero estaba en esa situación donde piensas «no voy a comprarme más porque quiero volver a caber en los que tengo». Aunque tardé bastante más de lo que pensaba. Más que caber en esos jeans en específico, me tomó estos 4 años el perder todo el peso que había ganado en el embarazo. Porque para mí no era cualquier peso, no eran kilos comunes que uno gana. Mi cuerpo estaba fuera de control mientras albergaba un nuevo ser dentro de sí. Y me volví loca por la comida, más que lo normal.

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Sini Heinula.

Desde que di a luz, fue un largo camino en el que no había día que no pasara por mi mente el hecho de tener que hacer algo por bajar de peso. Retomé mi alimentación normal, casi. Pero tenía a un recién nacido junto a mí, y sin darme cuenta, ya había pasado dos años enteros sin dormir ni comer bien, y claramente sin tiempo para mí (menos tiempo para poder hacer ejercicio).

¡Vaya que lo he intentado! Apenas tenía tiempo, comenzaba una rutina o salía a correr o hacía lo que fuera. Pero costó ser constante. Luego de los primeros años de vida de mi hijo comenzó a volver todo a la normalidad, mi horario, y por supuesto mi sueño, que era uno de los frenos más grandes hacia la vida que tenía antes, y tener algo de salud.

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@guendalinatavassi.

Pienso en la gran cantidad de tiempo que es, y en todo lo que comí durante mi embarazo. Pero si alguien se atreve a decirme algo (inclusive mi consciencia) tengo una sola respuesta para ustedes: no me pueden culpar. Mientras tanto, estaba dando una nueva vida a este mundo y dando las primeras herramientas en su camino a ser un gran ser humano. Y es agotador. Cuando comprendí eso, dejé de juzgarme a mí misma.

No importa el tiempo que haya pasado, sean 4 días o 4 años. Volví a usar los pantalones que tanto me gustan, y sin presionarme a mí misma.

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