Por Candela Duato
28 enero, 2015

Tú lo has visto. En restaurantes, él es el ruidoso que groseramente interrumpe a los otros comensales. En el primer día de escuela, él es el chico en la clase de tu hijo al que ves dando vueltas gritando, y piensas: Dios no permitas que se siente al lado de mi hijo.

Cuando entregas las invitaciones de la fiesta de cumpleaños de tu hijo, él es el chico al que preferirías no invitar. En la práctica de fútbol, él es el que está en el equipo de tu hijo, y que te hace pensar: «¿por qué sus padres se molestan en traerlo? Obviamente no está interesado». En el supermercado, es el mocoso que te hace pensar: «sus padres tienen que aprender a controlar a su hijo». Pero hay algunas cosas que tú no sabes sobre ese niño rebelde y salvaje…

No sabes que en el desfile de Navidad de su preescolar lo colocaron en la parte de atrás, donde sería menos visible.

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No sabes que los padres de ese pequeño niño indisciplinado ni siquiera creían que el “TDH” era una cosa real. Ellos pensaban que era una excusa hecha por padres débiles que tenían niños revoltosos, padres que eran demasiado perezosos o estúpidos para mantener el control.

No sabes que los padres de este niño mantienen una crianza amorosa y un entorno muy estructurado y estimulador en su casa. Tienen tablas de recompensas y todo. Sí, ¡incluso tienen disciplina!

No sabes que a veces, cuando su madre le dice a alguien que ellos han elegido no medicarlo, la persona se ofende porque ellos sí han medicado a sus hijos y creen que tú deberías hacer lo mismo.

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No sabes que su padre está obsesionado con el fútbol y desesperadamente quiere poder jugar a la pelota con su hijo, y que por eso él sigue mandando a su hijo a jugar fútbol cada temporada, a pesar de que el niño prefiere jugar con su sombra, o tumbarse en la hierba.

No sabes que constantemente lo dejan fuera de las fiestas de cumpleaños, a pesar de que él quiere desesperadamente ser incluido.

No sabes lo que su mamá puede ver cuando el TDH toma el control. Los ojos de su hijo se ponen vidriosos y él parece estar «en otro lugar». Ella le ha dado una cachetada antes, sólo para conseguir que la mire, y ella se odia a sí misma por eso.

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No sabes que su madre tiene que recordarse a sí misma una y otra vez que el TDH es en realidad un trastorno, un desequilibrio de las hormonas en el cerebro que hace que una persona sea incapaz de distinguir qué cosas en su entorno son importantes y que cosas deben ser ignoradas.

No sabes que a pesar de que su madre hace su mejor esfuerzo para transformar el TDH en algo positivo, su hijo entiende que es diferente, y ha llorado y gritado «¡Odio el TDH! Le pido a Dios que me lo quite, pero no lo hace!».

Así que la próxima vez que veas a un niño corriendo salvajemente, seguido por una madre con aspecto demacrado, con una cola de caballo muy rizada y con los ojos hinchados, sólo recuerda: Puede haber muchas cosas que tú no sabes.

Visto en Scary Mommy.

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