Por Laura Silva
29 abril, 2015

Todo mi instinto maternal se derrite por la falta de sueño. Piedad, por favor.

Ya es casi media noche y aún sigo despierta. Quizás no parezca tan tarde, pero para mí lo es.

Definitivamente es tarde, cuando te has levantado temprano para hacer el desayuno, llevar a los hijos más grandes a la escuela, vas al trabajo, vuelves a la casa, te aseguras de que todo está en orden y las tareas estén hechas y haces la cena. Todos los días son largos, algunos más cansadores que otros, no por eso malos, pero largos. Y seguir despierta a esta hora, no me ayuda para nada. Siento cómo mis ojos se van cerrando de a poco.

Mi esposo está en un viaje de trabajos, así que tengo la cama para mí sola, aunque lo extraño. Pero también, tengo que encargarme sola de mi problema del sueño. Sí, porque no es un trastorno personal el que no me deja dormir. Es una de las tres criaturas que salieron de mí, uno de los tres pequeños habitantes de la casa, la causa de que ahora esté odiando al mundo.

niños Fuente: We Heart It.

Desde que nació, mi bebé ha tenido complicaciones para dormir hartas horas. Lo entendía cuando tenía meses, pero va pasando al tiempo, hasta que tiene 2 años, y sigue así. Más que problemas para dormir, no se quiere perder de nada y por eso permanece despierto. Aunque ahora es distinto, él llega a nuestra cama luego de haber acostado a mis otros dos hijos a las 20:00hrs. o algo así, y se queda junto a mí viendo televisión, mirando cómo ordeno o reviso temas pendientes de mi trabajo.

Al principio me parecía adorable que lo hiciera. Que me acompañara. Y en verdad lo es, solo hasta que yo quiero dormir y él aún nada. Tenemos que levantarnos temprano, tenemos que descansar. ¡Todos merecemos nuestro sueño! Incluso las mamás, de hecho, sobre todo las mamás deberíamos tener el derecho de que nos dejen dormir por todo lo que hacemos. Que en el momento en que nos metemos a la cama en la semana, nadie ya puede entrar, ni pedir bocadillos, ni pedir ayuda, a menos de que sea una total emergencia. O se unen en mi cama a descansar y dormir, o no hay trato.

Necesitamos paciencia, cariño, concentración y más… y sin sueño, no tenemos eso.

mamá9 Fuente: We Heart It.

Pero no es así como los bebés ni los niños pequeños piensan. Tú debes estar siempre despierta con él para acompañarlo. Muchas veces con mi esposo lo instamos a que se acueste y pueda abrazarse a nosotros, para que caiga en el sueño. Pero su energía no nos permite este lujo. Y eso que he evitado a toda costa el azúcar. 

Así que aquí estoy, sentada en la cama viendo la telenovela que espero todas las noches, pero que no sé por dónde va porque mi pequeño me está hablando en una mezcla de idioma bebé y palabras reales mal pronunciadas. Hace caras y piruetas, y la falta de sueño acumulada en mí no me deja disfrutar este momento con él. Mi mente cansada busca las maneras de hacerlo entender que es hora de ir a dormir, y que no puedo quedarme toda la noche con él, ni que puede levantarse cada vez que lo voy a acostar.

padre Fuente: We Heart It.

Luego veo sus ojos grandes y brillantes, sin ninguna pizca de sueño – pues también ha dormido siesta, para ser justos -, con miedo a perderse algo del maravilloso mundo que está conociendo. Cada regaño por ir a dormir es un berrinche o una pelea. Y ya no tengo energía para nada. Sé que no hay maldad en él, pero en mi cansancio, comienzo a verla. Y me desespero. Decido poner sus caricaturas favoritas y decirle que voy a leer un momento, pero debe estar en silencio. Solo me mira y pone sus ojos en la televisión. Al menos estoy teniendo un momento de paz.

Cuando ya son las 1 y algo de la mañana, salgo de mi estado de concentración porque algo raro está pasando en los últimos minutos. Siento una respiración profunda a mi lado, y cuando miro, veo un bulto rosado que al fin descansa en sus sueños. El alivio casi me hace saltar de la emoción, pero recuerdo que lo puedo despertar. Ni siquiera me doy el trabajo de moverlo a su cama, y tener que pasar por esto de nuevo. Amo a mis hijos, pero necesito dormir, y hoy me he ahorrado las ganas de subir el tono de mi voz o dar órdenes. Ya no tengo energía para pelear. Y así, me duermo al fin.

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