Por Catalina Yob
15 Mayo, 2017

“Siempre supe que mis piernas eran diferentes: mi piel tenía hoyuelos y mis tobillos eran inexistentes, pero nunca pensé que podría ser algo tan grave”.

A pesar de mantener una agitada rutina de entrenamiento y una estricta dieta alimenticia, Zoe de 24 años no parecía perder peso. Sin importar cuántas pesas y abdominales hacía, su cuerpo se mantenía exactamente igual. Durante años creyó que se trataba de su genética a acumular grasa en la parte inferior de su cuerpo, hasta que asistió al médico, quien le entregó un diagnóstico completamente inesperado.

Se trata de una enfermedad progresiva llamada lipedema o lieodema que afecta al 11% de las mujeres, la cual se caracteriza por acumular tejido adiposo de forma simétrica en la caderas y muslos. De igual forma, ésta afecta a la parte inferior de las piernas, antebrazos y el cuello, los cuales de forma natural concentran el porcentaje de grasa del cuerpo.

“Al parecer, mi figura es típica de alguien que sufre esta enfermedad: cintura pequeña y caderas grandes, piernas grandes y sólidas. Siempre supe que mis piernas eran diferentes: mi piel tenía hoyuelos y mis tobillos eran inexistentes, pero nunca pensé que podría ser algo tan grave”.

Zoe

Además de los efectos que estéticos que esta condición genética ha traído a su vida, esta enfermedad reduce y aniquila progresivamente el movimiento del paciente, sin dejar de mencionar los dolores que ésta provoca. 

Debido a que las piernas del paciente no dejan de crecer, llega un punto en el que las personas deben acudir a la ayuda de una silla de ruedas para poder desplazarse. Zoe relata que luego de quedar embarazada, su condición sólo tendió a aumentar. 

“Cuando estaba embarazada de ocho meses, sentía como que mis piernas ardían. Mi pareja no entendía cómo seguía caminando. Mis piernas parecían como esos animales que hacen con globos”.

Bee Davies

La enfermedad afecta mayoritariamente a las mujeres, quienes acumulan las células de grasa en las piernas, los muslos y las nalgas. Mientras que los pies no sufren alteraciones, las pacientes notan cómo su piernas aumentan progresivamente desde los tobillos hasta las caderas.

“No estoy gorda: sufro de lipedema.”

Por ello es que profesionales instan a que nunca se debe juzgar a una persona con sobrepeso, ya que ésta puede ser víctima de algún trastorno genético. 

“Yo sabía que algo no estaba bien. Hacía 8 horas de entrenamiento de intervalos de alta intensidad, levantaba pesas y nunca comía comida chatarra. No obstante, apenas perdía pedo. Por suerte y excepcionalmente no siento mucho dolor. Mi cirujano dice que probablemente esto es gracias a mi edad. Pero lo cierto es que esta condición te hace sentir avergonzada por ser diferente y la confianza en mí misma es muy baja”.

Aly

Aún cuando no existe un tratamiento que erradique la enfermedad de forma definitiva, los médicos recomiendan hacer ejercicio suave, someterse a drenajes linfáticos y utilizar prendas de compresión que disminuyen la hinchazón y los dolores asociados a ésta. 

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