Colaboración por Laura Díaz López
Graduada en periodismo, risueña y agradable, luchadora hasta la médula que nunca se da por vencida y soñadora innata. Responsable, flexible y trabajadora que busca crecer como persona.

Te pido por favor que sigas avanzando, porque no eres tú quien sanará mis heridas. 

Ahora sí. Ahora no. Ahora sí y ahora no. Has jugado con la relación como si se tratase de una margarita con pétalos infinitos para deshojar. Cada pétalo significaba una oportunidad por mi parte, pero una traición por la tuya. Fue así, es así, y lo duro es que siempre será igual.

¿Cómo vas con él? La clásica pregunta tabú. Esa pregunta a la que no quieres, o realmente no sabes qué contestar, porque no sabes si estar mal es, en realidad, estar bien porque es a lo único a lo que estás acostumbrada. Y hasta parece que te gusta.

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@sandra_gajarova

 

Lo cierto es que en temas relacionados contigo, las promesas ya son en vano y yo ya no tengo ni perdón ni credibilidad. Pero tú te encargaste de tensar el fino hilo del que suelen depender estas cosas. Y es que la persona que te rompe el corazón no es la misma que te lo puede reparar.

Cuántas veces me habré repetido a mi misma esa frase sin importar lo que dijeran los demás, porque al fin y al cabo esto se trata de ti y de mi, o bueno, más bien de ti; yo simplemente he sido una simple marioneta del destino con la que jugaste a tu antojo, o así es cómo me hacías sentir cada vez que aceptaba tus perdones con la esperanza de que las cosas fueran diferentes esta vez. Pero no, nunca eran distintas. Ahora soy consciente de que en realidad te he estado robando la oportunidad de ser feliz con otra. Con otra que no sea yo, porque al fin y al cabo eso es lo que estás buscando, el polo opuesto a mi. Y yo me cansé. Me cansé de esperarte, a ti o a ese algo que nunca llega, y de esperarme, sobre todo de esperarme.

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@sandra_gajarova

Solo te pido un último favor. Sé que te lo he pedido muchas veces, pero esta vez ha dejado de ser un capricho para convertirse en una necesidad. Solo te pido que no vuelvas jamás, ni siquiera cuando eches la vista atrás y seas consciente de que esto no era una simple margarita a la que arrancarle los pétalos en busca de una respuesta. Ni cuando te des cuenta de que los billetes de este tren se han terminado para cuando te hayas decidido arriesgar. Para entonces ya será demasiado tarde.