Por Emilia García
9 diciembre, 2014

A la hora de elegir a la media naranja todos parecieran tener un arquetipo de quien les gusta. Mi hermano adora las pelirrojas y mi mejor amigo se derrite por rubias despampanantes. Mi vieja compañera de cuarto se inclina por los hombres de tez oscura con ojos verdes y mi compañera lo deja todo por los tipos delgados y hipsters. He escuchado absolutamente de todo.

Dentro de todas estas, muchas veces, obsesivas predilecciones, sin duda la parte que más disfruto de escuchar son los clásicos y famosos “NUNCA”. “Nunca saldría con un médico”, “¡Que horror!, nunca, pero nunca saldría con uno de esos hombres que tienen la espalda peluda”, “Nunca saldría con un tipo que sea más bajo que yo”. Lo cómico de estas pautas supuestamente inquebrantables es que en muchas ocasiones las personas que las tienen, terminan enamorándose y muchas veces casándose con sus anteriormente aborrecidos «Nuncas».

Así es como llegamos a la premisa de que a veces lo que queremos (o lo que no queremos) y lo que nos hace bien son dos cosas radicalmente diferentes.

En mi caso, he salido con hombres de todas las formas y colores: rubios, asiáticos, pelirrojos, morenos, hombres altos, peludos, más jóvenes, más viejos, militares, hombres de negocios, médicos, y la lista podría continuar.

¿Acaso estoy loca sólo porque no tengo un único tipo de hombre que me guste? ¡No!, simplemente creo que atributos tales como los músculos o lo altos que son, son una parte pequeñísima de lo que define a la persona.

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Para mí el flechazo ocurre al conocer a esa personalidad única, ese sentido del humor y esa química mágica que nace al estar con el otro. (Si no entiendes de lo que estoy hablando, probablemente no has salido con personas que sean lo suficientemente diferentes entre sí).

Nunca he sido de esas que se rigen por una serie de, para mi gusto superficiales, normas como las características físicas establecidas como «el alto, moreno y guapo», aunque no niego que suena bien.

¿Es que acaso la gente no sabe que todos nos vamos a poner viejos alguna vez, y que nos vamos a convertir en unos ancianos irritables llenos de canas y arrugas?

Sé que para muchos puede ser difícil salir con alguien que no es su tipo, pero te aseguro que si te atreves a hacerlo, puedes llevarte una muy grata sorpresa. Por ejemplo yo. Alguna vez dije que nunca saldría con un fanático del fútbol, de esos que pasan horas y días pegados a la pantalla del televisor viendo hasta los partidos de equipos de 3 división que son del otro lado del mundo, pero ¡sorpresa!, justamente en estos momentos estoy pegadísima con uno de esos fervientes y apasionados fanáticos. Es verdad, somos opuestos en muchos aspectos, y si lo hubiese conocido a través de las redes sociales sin duda lo hubiese ignorado por completo. Afortunadamente no fue así, lo conocí cara a cara, y todos los “problemas” que hubiese podido tener con él no se interpusieron para nada en nuestra increíble relación. Si lo hubiera rechazado, nunca hubiese llegado a saber que tenemos el mismo ridículo sentido del humor y que para los dos es una obligación aprendernos las canciones antes de ir a los conciertos (y que somos igual de extraños).

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El problema de encontrar pareja hoy en día (sí, me refiero a los sitios de citas online) es que existen infinitas opciones. ¿Cómo podemos saber si estamos eligiendo a nuestro verdadero amor, con tantos tipos navegando por la red? Naturalmente, nos vamos poniendo cada vez más exigentes y empezamos a descartar personas basándonos en sus peinados, sus amigos, sus intereses extraños y lo que estudiaron en la universidad (que la verdad no sirve para nada). Puede que digas ¿Acaso no es esa la razón por la que salimos con alguien? ¿Para encontrar a la persona ideal?

Bueno para mi lo más importante es encontrar a esa persona especial que se las juega por ti, que aunque le cuesta un mundo, intenta entenderte, que te ame locamente y que quiera pasar el resto de su vida contigo (sin importar tus malos hábitos, inseguridades y todas tus imperfecciones).Olvídate del prototipo que creaste en tu cabeza. ¿Acaso no suena bien pasar el resto de tu vida con alguien que te desafía, te hace reír, te apoya y se preocupa por ti?Si la respuesta es afirmativa, entonces no pierdas más tiempo buscando a “ese tipo” de persona. Te cuento, que en realidad no es real.

Tú, yo y ese chico o chica que para ti parece ideal, tenemos defectos, y al obsesionarnos con esos descabellados requerimientos estamos midiendo a nuestras futuras parejas con la vara irreal de la perfección. Acuérdate que no estamos buscando a alguien para un puesto de trabajo: estamos buscando a un compañero de vida.

Sí, está permitido ser exigente, pero sólo con las cosas realmente importantes. Por ejemplo: ¿Quiere tener hijos? ¿Y tú? ¿Quieres tener hijos? ¿Cree en el matrimonio? ¿Quiere vivir en la ciudad o en la playa? ¿Es preocupado por mi? ¿Trata bien a los demás?

Entonces te recomiendo que comiences a salir con personas diferentes, que se vean diferentes, que tengan opiniones e intereses distintos y que hayan estudiado cosas extrañas a ti, ya verás como el espectro de amor se abre inmensamente, aumentando esa posibilidad tan anhelada de encontrar a tu pareja perfecta. He aprendido que hay ciertas características, como la inteligencia, que cualquier hombre puede poseer sin importar su trabajo y que es más importante que unos bíceps, un auto último modelo o el lugar en el que nació.

Abre tu mente y date la oportunidad de conocer a personas fascinantes que de seguro, de otra forma nunca podrás conocer.

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