Por Laura Silva
12 junio, 2015

Aprendí a ser yo misma, vivir la vida sin arrepentimientos.

No es fácil sentir que te han roto el corazón, experimentar esa sensación de ahogo, de que no vas a poder encontrar a alguien más en tu vida, porque esa era la persona para ti. Tus ilusiones y proyectos se esfumaron en el momento en que nuestra relación ya no dio para más, el vacío se apoderó de mí. Pero lo contradictorio de nuestra sociedad es que a pesar de ser seres altamente emocionales, nuestras vidas siguen, tenemos parámetros que no nos dejan parar. Cuando lo único que queremos ante la tristeza es parar al mundo. Bueno, de todos modos quizás sea lo mejor.

El mundo no para porque tu corazón esté roto, o te sientas herida. Todo sigue moviéndose, y es así como te encuentras en una encrucijada: seguir o dejar que todo te gane y caer bajo una pila de preocupaciones sobre una relación que ya se fue de tus manos. Lamentable o no, tienes que seguir. Al menos esa fue la decisión que tomé yo, no pretendía perder todo lo que conformaba mi vida por una persona que había salido de la misma. No me sonaba como algo que haría yo.

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@kelly.capuano.

Con el dolor y las preguntas que a las que uno se enfrenta cuando ves que el amor, más que acabarse, no da para tanto. No vienen al caso las razones de mi ruptura, siempre creí que estaba o estábamos haciendo lo correcto. No por eso quedaría sin cuestionamientos, sin ganas de saber qué hice mal, y si había alguna máquina del tiempo que me ayudara a volver a ese momento para remendar los errores. Nada de eso realmente importaba, tenía que levantarme aún cada mañana y hacer mi trabajo, porque si yo no hacía las cosas que me correspondía, hallarían el modo de hacerlo sin mí. Si yo no iba de compras por los víveres, no comería. Si decidía no salir de mi cama, era yo la que se estaría perdiendo lo maravilloso de la vida, lo dulce y lo amargo, pero vida al fin y al cabo.

Y no quedarme encerrada en esa burbuja de desamor que tanto me llamaba, fue lo que me salvó. Estaba ahogándome y bajaba cada vez más y más profundo, sin darme cuenta de cómo me estaba dejando estar. Pero enfrentar de alguna manera cada día, me hizo sobrevivir. Y conocerme más, aprender de mí. Mirar a mi antigua relación como el hermoso periodo que fue, y tomar las lecciones de ella para cada vez mejorar – aunque sé que alcanzar la perfección es difícil, o imposible.

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@willow_greene.

Aprendí que habían cosas en mi relación que no me gustaban y estaba soportando, de mi antigua pareja como incluso de mí misma. Aprendí que hay límites para cada acción antes de que se vuelva en obsesión, y que los errores son parte de cada proceso. Aprendí a ser realista, aunque muchos ingenuos crean que eso me hace una pesimista. Aprendí sobre lo que realmente es el compromiso y qué es lo que me faltaba arriesgar para haber dado ese paso. Aprendí que aunque des tu máximo esfuerzo, una relación es de a dos, y deben ir a la par.

Aprendí que muchas de las mejores decisiones incluso para una relación se basan en el egoísmo de creer que quieres lo mejor. Aprendí que hay que tomar más la iniciativa y no dejar que la otra persona te absorba. Aprendí que no importa cuantas cicatrices tengas, porque cada una de ellas te hace más fuerte. Aprendí que un mal final no determina tu vida amorosa, y me abro de nuevo al amor.

Y sobre todo, aprendí a conocer el tipo de mujer que soy y ser yo misma de una vez por todas.

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