Por Valentinne Rudolphy
17 marzo, 2015

No todo son bellas historias que se convierten en películas. Esta es la verdad tras una enfermedad que te cambia la vida.

Escrito originalmente por Lauren Anne para Thought Catalog.

La reciente obsesión que nuestra sociedad ha demostrado hacia las personas con cáncer y hacia películas tales como Bajo La Misma Estrella, dan cuenta que la persona promedio no sabe lo que es estar realmente enfermo. O tener una enfermedad crónica. No saben cómo se siente despertar cada mañana sabiendo que no te vas a poner mejor. No existe ningún tipo de medicina, doctor, cirugía o procedimiento que puedan hacer algo por ti.

Creo que la razón por la cual a las personas les encanta escuchar estas historias sobre el cáncer, es exactamente por eso: son historias. Tienen un comienzo, un desarrollo y un fin. Puede que el fin no sea del todo feliz, pero a las personas les satisface ese cierre. Sin embargo, mi historia no tiene fin. Y a las personas parece no gustarles estas historias sin fin.

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Estar enfermo no es tan glamoroso como parece ser en las películas, y, a diferencia de los beneficios que se puedan tener al estar enfermo de cáncer, no existen beneficios para quienes padecemos de enfermedades crónicas. Excepto, quizás, los dulces que nos dan cada vez que vamos al doctor. Esos sí que son algo.

Lo peor de tener una enfermedad crónica no es el dolor físico, sino que el dolor emocional que lo acompaña. Llegas a un punto donde ya no puedes seguir aguantando las lágrimas y se te cae esa máscara que lo ponía todo en su lugar justo en la oficina del doctor. Crees que puedes escaparte de la tortura emocional, después de todo, tu enfermedad es sólo física ¿cierto?

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Lo peor es que no hay forma de escapar. No se ve ninguna luz al final del túnel. No hay ningún final feliz. No existe ninguna forma de hacer que esta enfermedad incurable desaparezca. Aprendemos a tolerar el dolor físico. Es algo que hay que hacer. Sin embargo, es este peso emocional lo que te hace sentir como si alguien te estuviese ahogando. Puedes luchar contra esta sensación, pero nunca podrás superarla. ¿Cómo se supone que te liberes de este ahogo emocional cuando su fuente nunca desaparecerá?

Estar enfermo significa estar atascado en la eternidad de lo desconocido. Cualquier día algo podría salir mal, o al menos, podría ponerse aun peor. Es tan difícil no sentirse ansioso o deprimido o completamente perdido cuando todo lo que ves en el futuro es un signo de pregunta gigante. Rara vez obtienes respuestas cuando estás enfermo y cuando te las dan, usualmente son respuestas que hubieses preferido no escuchar.

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Hay algo que toda persona enferma desea, pero es difícil de obtener: esperanza. Esperanza de que un día todo mejorará. Esperanza de que finalmente llegará el día en el que sentirás poco o nada de dolor. Esperanza de que algún día sabrás como es ser normal.

Sé que, técnicamente, estar enfermo significa que mis genes no son los mejores o que mi cuerpo me odia, pero de alguna forma, esta enfermedad me ha hecho mejor persona. Puede que mi visión sea sesgada, pero creo que las personas enfermas, especialmente los jóvenes, son algunas de las mejores personas que puedes llegar a conocer. No me malentiendas, las personas sanas también son geniales. Sin embargo, cuando estás enfermo, llegas a comprender cosas que otras personas a veces toman por sentado.

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Aprendes a amar cada segundo bueno que tienes, cada minuto de esos pocos días buenos que puedes llegar a tener. No le temes a la muerte porque ya la has mirado a la cara un par de veces. Sabes que no es importante quedarse pegado en las cosas pequeñas. Tienes cosas más importantes de las cuales preocuparte.

Independiente de todas las veces que quise ser normal por sólo un día, he aprendido a apreciar mi vida, tanto lo bueno como lo malo, mucho más a través de esta enfermedad crónica y la aprecio mucho más de lo que lo hubiese hecho si hubiese sido una adolescente normal.

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Estar enfermo te hace fuerte. Estar enfermo te hace débil. Estar enfermo te da la posibilidad de mirar las cosas de otra forma y te entrega conocimiento sobre la vida al mismo tiempo que la misma enfermedad acaba con ella. Estar enfermo es una bendición, aunque no lo parezca. Es mucho más que sólo padecer de una enfermedad. Significa que tu vida se salga de control, significa luchar para intentar volver a controlarla. Y esa lucha nunca se acabará.

Visto en Thought Catalog & Imágenes de We Heart It.

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