Por Andrea Araya Moya
3 junio, 2015

Quizá es amor, o probablemente no.

Vemos a la persona que nos gusta y de inmediato sentimos esas mariposas invadiendo nuestro interior y alterando cada uno de nuestros sentidos. Nos ponemos nerviosos y nos vamos encantando con la persona que tenemos en frente. Aprendemos a apreciar sus detalles y cada momento que pasamos juntos. Conocemos, admiramos, amamos. Pero a veces ese amor no es tan profundo como pensamos, pues sólo amas esa parte de la persona que podemos controlar y que más nos encanta.

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@Dinka

Quizá es amor, o probablemente no. Lo que sucede cuando “amas” sólo una parte de esa persona las cosas obviamente resultarán bien y te sentirás mejor, pues tendrás el control y sólo captarás aquellas actitudes de tu pareja que te convengan y se adapten a la imagen que tienes de ella. Es como amar un amuleto que te trajo buena suerte en un momento. No amas al objeto en sí, sino a lo que representa, a lo que te trajo. Se trata más de envase, que de contenido, si lo pensamos fríamente.

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@Daniela

Lo peor de todo (sí, en realidad lo es) es que siempre ganarás. No habrá sufrimiento, o quizá lo haya muy poco, y todo te parecerá perfecto, aunque tengas conflictos, siempre pensarás en esa persona, pues es la imagen que tienes de un ideal o de algún momento específico de tu vida, y lamentablemente eso no es bueno.

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@GaiaEleonora

Debes amar a la persona en sí, con virtudes y defectos. Darte el tiempo de conocer cada detalle que tiene, más allá del que percibas, pues esa persona es mucho más que esa idea que tienes en la cabeza. Es alguien más. Es quien te ama y espera que lo ames de vuelta con total complicidad, sin esperar que sea perfecta o igual a alguien que representó una idea que te gustaba.

Pueden compartir gustos, o no, pero eso no hace al amor. Llénate de este sentimiento y ve más allá, que la imagen y la idea no sean todo tu mundo, pues lamentablemente no funciona así.

Piénsalo bien.

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