Por Carolina Mila
9 febrero, 2015

Ahora la adolescencia dura más tiempo y no tiene nada de malo.

En América Latina para algunos padres, la fecha límite para la independencia financiera de su hijo ha recibido una extensión.

Si bien antes los padres creían que sería suficiente con pagarles a sus hijos la universidad y mantenerlos hasta entonces en el mejor de los casos, hoy las cosas son diferentes.

Nada te asegura después de la universidad que puedas encontrar un trabajo digno de tu estilo de vida y además, ahora los años de educación formal se han extendido a posgrados, diplomados y maestrías. Para ser competitivo en el mercado laboral tienes que invertir más, y no siempre tienes un buen trabajo.

En su reciente libro La edad de la oportunidad, el psicólogo Laurence Steinbergde aseguró que en Estados Unidos los jóvenes de 25 años de hoy tienen un 50% más de probabilidades de estar recibiendo ayuda financiera por parte de su papá y mamá que aquellos jóvenes de 25 años de la generación de sus padres.

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Para los veinteañeros, esto es solo una parte de un fenómeno más grande que también está marcado por una propensión creciente a permanecer en la escuela y estar soltero por más tiempo que las antiguas generaciones. La adolescencia, según Steinberg, ahora se extiende a lo largo de un lapso de 15 años, comenzando a la edad de 10 y terminando alrededor de los 25; más de dos veces más que en la década de 1950. Sin embargo, puede que esto no sea algo malo. La investigación de Steinberg sugiere que posponer la adultez puede tener ciertos beneficios en términos de desarrollo cerebral y salud mental.

Para los padres de los veinteañeros, sin embargo, esta postergación viene con frecuencia a un costo decidido. Las nuevas generaciones en América Latina a menudo no están listas para salir de casa a a los 27, 28, 29 años. Puede que no ganen lo suficiente, pero además, se encuentran cómodos con sus padres. Pueden ahorrar, y a la larga saben que no hay nada mejor que el hotel mamá.

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Como ahora la gente se casa más tarde, en términos de estilo de vida, puede que no sea tan diferente ser un estudiante universitario soltero a un joven profesional soltero. La diferencia es que en el mejor de los casos puedes tener un poco más de dinero.

Además, los nuevos profesionales son cada vez más exigentes. No están dispuestos a encadenarse a un trabajo que no les gusta solo por la estabilidad económica. Los nuevos profesionales quieren poder explorar sus facetas, ser creativos y sentir que tienen sus opciones abiertas. Muchos se toman un tiempo para viajar en el extranjero y para estudiar afuera, y de muchas maneras se puede decir que su vida adulta no empieza sino hasta la década de los 30.

Según el sicólogo colombiano José Alonso Peña Herrera, de la Universidad Javeriana, en realidad esto no tiene nada de malo. Neurológicamente hablando el cerebro de una persona de 20 años dista mucho aún de ser un cerebro totalmente adulto (incluso a los 30 aún faltan algunos proceso de maduración neurológica). Así que esta nueva prolongación de la adolescencia no tendría por qué ser necesariamente negativa.

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