Por Candela Duato
17 febrero, 2015

Si es que nos queda tiempo luego de hablar, comer juntos, jugar juntos y terminar este libro increíble… entonces limpiaremos

El otro día finalmente tuve un poco de tiempo y aspiré mi minivan. Estaba comenzando a vivir con el miedo de que alguien me pidiera que lo llevase a algún lugar en ese coche.

No sólo había basura, algunos gorros, un paraguas roto y hojas, sino que también habían pedazos de caramelos y palomitas de maíz y alimentos imposibles de identificar atrapados entre los cojines de los asientos. Mis hijos no se quejaban (algo que es muy bueno debido a que eran los grandes responsables de este desastre) pero ya estaba empezando a ser poco sanitario.

No somos personas ordenadas.

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Nuestra casa está constantemente llena de cosas. No significa que nunca limpiemos, lo hacemos y también hay personas a las que les pagamos para que vengan a limpiar cada ciertas semanas. Sin embargo las superficies (mesas, sillas, sillones y suelo) usualmente están cubiertos de libros, diarios, revistas, abrigos, cosas del colegio, ropa, juguetes y otros objetos al azar. Es el estado natural de las cosas. Lo sé, es un poco caótico. No sólo eso, sino que como la casa es vieja, siempre hay algo que estamos reparando.

Con 6 personas (nuestro hijo mayor acaba de volver a vivir con nosotros), un perro y dos gatos es difícil tener todo limpio. Y requiere mucho esfuerzo. Es completamente cierto podría llegar del trabajo a ordenar todo y desocupar la mesa (otra vez), limpiar los baños (otra vez) y decirles a los niños (otra vez) que recojan todas sus cosas… pero preferiría no hacerlo.

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A medida que iba creciendo, pasé mucho tiempo con mis vecinos. Vivían en la esquina y sus dos hijas tenían la misma edad que mi hermana menor. El padre era profesor en una Universidad de la ciudad y me contrató para que fuese a su casa después del colegio y cuidara a las niñas para que él pudiese trabajar.

Amaba a esa familia (aún los amo). Disfrutaban de la compañía de los demás y de la vida. Se reían mucho, leían muchos libros, cocinaban comidas increíbles y les encantaba hablar. Hacían que todos quienes los visitaran se sintieran bienvenidos y apreciados, y eso me incluía a mí. Era divertido estar ahí.

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Me encantaba su casa también. No era elegante y siempre estaba siendo renovada, pero tenía varios lugares donde acurrucarse con un libro, y tenían muchos ejemplares en todas las habitaciones. Había una mesa grande y redonda donde siempre cabía una persona extra para la cena. Habían dibujos y fotos de amigos y familiares en todos lados, en marcos, en una pizarra de corcho, en los muebles. La casa era tan interesante como ellos.

También estaba, en general, bastante desordenada. A veces incluso estaba sucia.

Nunca me importó. El mensaje que me indicaba este desorden es que había cosas más importantes que hacer. Si es que nos queda tiempo luego de hablar, comer juntos, jugar juntos y terminar este libro increíble; entonces limpiaremos. Si no es así, bueno, puede esperar.

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Tiene mucho sentido para mí.

Quizás sólo quiero una forma de excusarme por mi casa desordenada y mi coche sucio. Es posible. Pero la verdad es que me tiempo es tan limitado que, mientras veo a mis hijos crecer, me doy más cuenta de lo rápido que todo se va.

Así que si vienes a visitarnos o te llevo a algún lugar en coche, espero que no te importe demasiado el desorden. Espero que incluso puedas olvidarlo cuando estés con nosotros (y el perro y los gatos, a quienes les encanta jugar con los invitados). Espero que lo que recuerdes sea que te hicimos sentir bienvenido y apreciado y que te divertiste.

 Visto en Huffington Post.

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