Por Candela Duato
1 diciembre, 2014

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Un nuevo estudio relaciona los niveles bajos de azúcar en la sangre con el estrés en las relaciones.

Todos hemos conocido personas que deberían usar un letrero de “PELIGRO” con luces rojas intermitentes, cada vez que se saltan el almuerzo. Instintivamente sabemos que es mejor alejarnos de alguien que está funcionando sin comida. Un estómago hambriento significa una caída en los niveles de azúcar en la sangre, y sabemos que eso significa problemas.

Pero, ¿podría el azúcar en la sangre tener una conexión con la ira que se esconde detrás de los conflictos en una relación?

Un nuevo estudio sondeó esa pregunta con una metodología de investigación, tan dolorosamente divertida como eficaz. Los investigadores reunieron a 107 parejas casadas en un campamento militar de 21 días. La idea era encontrar una conexión entre la glucosa en la sangre y la agresión.

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Primero les pidieron a las parejas que completaran un cuestionario que evaluaba su nivel de satisfacción con su matrimonio, lo que permitió al equipo de investigación poder controlar las variables relacionadas con las dificultades que enfrentaba cada matrimonio. También midieron todos los niveles de glucosa en la sangre de los participantes para establecer un punto de referencia, y continuaron midiendo los niveles durante todo el estudio de 21 días.

Los investigadores predijeron que las gotas de azúcar en la sangre se correlacionaban consistentemente con una mayor agresividad entre los cónyuges. Definieron la agresión de dos maneras: impulso agresivo y comportamiento agresivo, una distinción destinada a identificar la agresión en el pensamiento y en el actuar.

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Para probar el impulso agresivo, los investigadores les dieron a los participantes una muñeca vudú y 51 alfileres, con instrucciones de colocar, cada noche, la cantidad de alfileres en el muñeco, según fuera necesario para demostrar lo enojados que estaban con sus cónyuges. En un día con pocos conflictos, el muñeco podía tener sólo un par de alfileres, mientras que en los días en que las peleas eran más fuertes podían colocar los 51 alfileres en la cabeza del muñeco. La hipótesis de los investigadores fue probada: Cuanto menor sea el nivel de glucosa en la sangre, más agresividad mostraban los cónyuges, y mayor era la intensidad (y la duración) del terrible sonido en los auriculares.

Por tanto, cuando al cerebro le falta energía, también le falta autocontrol, dejando la puerta abierta para que los impulsos y conductas agresivas tomen el control de la situación. Y si los resultados del estudio son una indicación real, estamos al límite de nuestro autocontrol más a menudo de lo que pensamos. Sólo es una corazonada, pero es lógico pensar que los alimentos que causan que nuestros niveles de azúcar en la sangre se disparen, también pueden desencadenar explosiones conyugales.

Visto en Psychology Today.

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