Por Laura Silva
21 mayo, 2015

Pensé en luchar por ti, pero no valía la pena.

Durante mucho tiempo me quedé pensando en ti. De hecho, creo que aún lo hago.

Te conocí durante años. Parecías sacado de una película para mí. No eras el hombre más guapo del mundo, pero de seguro que sí eras interesante. E, inmadura, veía todos los prototipos que deseaba convertidos en ti.

Nos conocimos por casualidad, como en la mejor de las novelas. Aunque quizás una no muy buena. De alguna manera llegaste a mí, me encontraste entre tantos otros rostros que podrías haber llegado a conocer. Ahí aun tus intenciones eran buenas. Tu corazón y vida estaban dañadas, pero estabas saliendo adelante. Formabas una nueva vida en una nueva ciudad, y nos llegamos a conocer.

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Emmaliana Donovan.

Y así fue durante años: un permanente proceso de conocerse. Un proceso demasiado tímido muchas veces, quizás demasiado ajeno. Pero era un vínculo maravilloso para mí. Recuerdo hablar de eso y pensar en eso, esperar tus mensajes o una que otra llamada. Mi vida seguía y no me enfrascaba, como nunca lo hice, pero sí estabas constantemente en mi pensamiento. Así, te transformaste en mi pasatiempo.

Pasaron los años y, de manera casual, logramos darnos nuestro primer beso. De alguna manera ingenua, en uno de los momentos más débiles de mi corazón, pensé que eso significaba algo. Quizás significó mucho, pero ninguno supo cómo manejarlo. Aún escucho en mi mente mis disculpas esa noche por darte vuelta la cerveza en el pantalón, o la canción que había de fondo, que para mí se transformó en nuestra canción.

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Jules O’Neill.

Pero me alejé, y tú igual. Yo sabía porqué, tenía mis motivos. Como muchas otras veces, había caído en un juego sucio sin darme cuenta. Habías omitido demasiada información sobre ti, ya ni siquiera recuerdo si te dije algo al respecto. Pero luego de ese beso, decidí avanzar con mi vida. Aunque nunca me hayas detenido.

Nuevamente pasaron años, y de alguna manera retomamos la comunicación constante. Me buscabas y yo a ti. Sentía que en ti encontraba un gran amigo, ya que mi confianza estaba perdida. Teníamos una gran conexión, y eso me encantaba. Esperaba cada noche para hablar contigo, y hasta que, un día, nos volvimos a ver.

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Maggie White.

Las visitas se volvieron más seguidas, o hubo más intentos. Pero nada urgente, no era necesario. A pesar de todo el encanto de nuestra relación no – amorosa, sabía que me debía cuidar. Sabía que tenía que mantener a mi mente alerta, y a mi corazón frío.

Volvieron algunos besos. Nos llevábamos bien. Habían más llamadas, y más mensajes. Había más cariño… y también más traición. Cuando tú insistías por poder conectarnos más – que para mí sonaba a que deseabas algo más carnal, pues ya no estaba siendo suficiente para ti -, yo sentía que me debía alejar. A pesar de todo lo bueno que veía cuando estábamos juntos, de que me gustaban tus besos, en particular tus labios, tu manera de hablar, los temas de conversación, tu trabajo y la música, sobre todo la música… no eras para mí. Más que eso, ya eras de otra mujer. Y yo no merecía algo así. Ni ella.

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@natalieelisee.

El presentimiento creció dentro de mí y te quise alejar. Tú estabas frustrado y enfadado, o así te mostrabas. Nunca sabré si era una careta, o si realmente te sentías así. ¿Puede una persona ser tan hipócrita? ¿Puedes tener sentimientos tan fuertes por dos personas a la vez y no fingir?

Cuando mis temores se confirmaron y supe que en todos esos años de besos furtivos y conversaciones, más que nada charlas y anhelos verbales por vernos más, estabas con otra mujer, te encaré. Sabías que te hablaba a ti, y sabías de que te hablaba. Pero lo negaste hasta el fin, sufriendo como una pobre víctima. Me hiciste ser sucia, romper la moral en la que creía. Pero no me iba a quedar así, y ese fue el momento de decir “ya no más“…

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