Por Laura Silva
19 mayo, 2015

“Cuando amas algo, déjalo ir”, dicen por ahí.

Una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida es amar de verdad. Porque el amor verdadero, sin nada de egoísmo en él, es el que más duele, pues más sacrificios al ego conllevan.

Llevábamos un buen tiempo juntos. Éramos los mejores amigos, con besos incluidos, que podía haber. Los años nos habían hecho honestos, siempre transparentes con el otro, y fuertes. Junto a él sentía que mi vida estaba completa, éramos una pareja invencible y sabía que podíamos lograr lo que quisiéramos con nuestra vida y proyectos.

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@teresaandresgonzalvo.

Pero ese mismo “podemos hacer lo que queremos” fue el que me llevó a tomar la decisión. No había tapujos entre nosotros y nos contábamos todo. Y es así cómo me fui dando cuenta de que nuestro camino comenzaba a separarse. Sin querer alejarse del otro, sin tener problemas en nuestra relación y ni siquiera darnos cuenta, comenzamos a querer cosas distintas. Cambios que no parecían muy radicales, pero hablaban de dos estilos diferentes de vida.

Cada noche escuchaba a mi novio hablar de cómo iba su día, de los planes que tenía… y fue así que me di cuenta en su entusiasmo al hablar, y en el brillar de sus ojos, de que estábamos en vías distintas de la carretera de nuestra vida. No me parecían cosas terribles por hacer, pero de manera tranquila, sin sentir ese recelo que provoca el egoísmo, es que no me sentía identificada con él.

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@mirenalos.

Supe que tenía que dar un paso al lado de su camino, al menos como novia. Sabía que amaba a esta persona, pero que no lo podía retener conmigo. No sería justo para él. Me dispuse a dejarlo ir, a pesar de que me pasaría la vida abrazada junto a él, tirada en la cama. Lo sabía dentro de mi corazón, con tanta calma y certeza, que debíamos separar nuestras vidas. Y no pude evitar responder ese llamado.

Fue difícil hacerle entender lo que pensaba que era lo mejor para él. Se negaba, quería cambiar sus planes y se disculpaba por lo que había dicho. Y era eso lo que no estaba bien: él era así, yo así lo amaba, no había porqué cambiar. Así que lo dejé ir de mi corazón y me marché, esperando que comprendiera mis razones algún día.

Es una de las cosas más difíciles que he hecho, de seguro. Pero sé ahora que siempre fue lo mejor. Que había llegado nuestro momento de separar las rutas. Y hoy, que aún tengo su cariño y él el mío, sé que valió la pena.

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