Por Valentinne Rudolphy
6 noviembre, 2015

Nos pasamos la vida comparando. En un gran intento por ver quién es la más fuerte

Supongo que desde el principio de los tiempos pasó esto. En más de alguna ocasión se tuvo que dar. A pesar de la inocencia en los primeros años de la humanidad, de seguro siempre hubo competición entre las mujeres. Siempre hemos intentado luchar con otras. Aunque sea de manera indirecta.

Queremos ganar una carrera. Durante toda la historia ha pasado lo mismo. Y, querámoslo o no, es una carrera en busca de aceptación. Aceptación de los hombres, de nuestros pares, o incluso de nosotras mismas. Lo podemos negar hasta el cansancio, pero la evolución lo prueba.

large-3
@selfishwriter

No es necesario ser videntes para comprender esto. No se trata de que nosotras tomemos la decisión consciente de, en algún punto de nuestro crecimiento, comenzar a compararnos. De ser un poco más cínicas, o de regirnos bajo estándares que nos obligan a competir. Es algo que ha pasado de manera natural durante años. Querámoslo o no, estamos programadas para ello.

Creo también que las mujeres podemos ser más peligrosas de lo que creemos. La psicología demuestra a través de estudios que así es, pues somos agresoras pasivas. Lo hacemos de manera tan indirecta, que muchas veces ni siquiera nosotras lo notamos.

large-1
@xandervintage

Piensa en tu vida. Todo esto comienza a “florecer”, por así decirlo, en la pubertad. Mientras estamos en la escuela, hay un momento en el que todo comienza. Haces grupos. Hay diferencias. Algunas son más populares que otras. Hay quienes son halagadas por su belleza o vestimenta. O por la personalidad. Es una carrera y empieza cuando aún eras inocente.

El asunto es el mismo: destacarse. Ser la mejor. Quizás sólo “para ti misma”, pero es una competencia igual. En vez de motivarnos y ayudarnos entre mujeres, nos desalentamos más.

large
indiegrey

Hay ciertas teorías de por qué sucede esto. Por una parte, al estilo de la “selección natural”, la psicología evolutiva plantea que desde siempre, las mujeres se han tenido que proteger del daño físico por su habilidad reproductiva (albergar una vida en tu vientre). Por ello, cualquier tipo de enfrentamiento es verbal o psicológico, para alejarse del riesgo.

En contraposición, la psicología feminista propone que esta es otra consecuencia del patriarcado. Nuestro objetivo internalizado es ser apreciada por el hombre, lo que se puede traducir en una relación u embarazo. Esta aprobación es un premio. Y para ganarlo, ha de competir con otras mujeres. Y mejor hacerlo indirectamente.

large
Esben Bog Jensen

La verdad es que es agotador. No es que todas estemos compitiendo por la vida. Pero si nos damos cuenta lo hacemos en ciertas cosas. Competir no es necesariamente discutir o hablar mal del alguien. También es auto promocionarse. Sacarse fotos para demostrar lo guapa que te ves. Hablar de tus logros para sobreponerte a otros.

No lo hacemos con una mala intención. Ni siquiera siempre es un acto del que se toma consciencia. Simplemente lo hacemos. Aún cuando decidimos ser diferentes para ‘salir de la batalla’, nos estamos viendo como superiores al resto. Es una constante enfermiza.

large-2
@vanessaaanella

Podríamos plantear millones de soluciones. Al parecer es una especie de característica intrínseca que Dios o la evolución nos dio. Y realmente la peor competencia es con nosotras mismas.

Vamos reflejando en otras lo que querríamos ser, lo que deseamos tener. Y por eso, intentamos más. Es difícil diferenciar la exigencia de la competencia. Finalmente, sólo podemos quedarnos tranquilas con un “no es nuestra culpa”. Y esperar a poder cambiar en nuestros actos del día a día.

Puede interesarte