Por Laura Silva
2 junio, 2015

Yo lo hice, y esto fue lo que pasó. 

Éramos increíblemente amigos. Nuestros padres nos presentaron porque ellos eran mejores amigos también. Lo conocí cuando solo teníamos 13 años y nos hicimos inseparables. Era exactamente como una mejor amiga, pero hombre. Le contaba literalmente todo, me cambiaba de ropa sin remordimientos frente a él, era mi consejero de vida y del amor, mi mano derecha, mi todo.

Jamás desarrollé un sentimiento de amor hacia él, y el tampoco hacía mi (al menos eso creo). De hecho, fue siempre muy respetuoso y era el perfecto amigo de mis novios, y la verdad es que yo de las suyas. Pero todo cambió después de mi penúltima relación. Sufrí tanto por un hombre que él estuvo conmigo incansablemente durante un mes completo. Nunca me dejó sola. Me recalcaba una y otra vez lo increíble que era y por qué no merecía derramar una sola lágrima por ese idiota, y en el camino, todo eso me fue llevando a “enamorarme” de él, o al menos eso creía.

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Unos meses después, estábamos juntos. Ambos nos dimos cuenta, (bastante tarde), que nos queríamos como más que amigos. Era extrañísimo. Jamás lo había mirado con esos ojos, jamás le había dado la mano, y menos un beso. Verlo en la faceta de “novio” era lo más raro que me había pasado en mucho tiempo, sin embargo no dudé en que eso era lo que quería. Y todo se volvió real. Al principio fue sencillo y emocionante; era algo completamente nuevo. Me sentía cómoda y feliz, era completamente yo, pero al poco tiempo ese fuego se empezó a apagar.

Al parecer ambos empezamos a extrañar a nuestros mejores amigos. Él extrañaba a la antigua yo y yo a él. Empezamos a discutir por todo, a estancarnos, a caer en la rutina, y nos dimos cuenta de que habíamos perdido todo eso que nos había gustado del otro cuando éramos solo amigos. Y la verdad es que no fue tan difícil darnos cuenta de eso, lo difícil fue asumirlo, especialmente cuando ya habíamos recorrido todo este camino amoroso juntos, cuando ya no podíamos borrar nada.

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@alexapouli

Decidimos romper porque finalmente lo asumimos. Sabíamos exactamente qué estaba pasando, y sabíamos que a pesar de que nos hubiese encantado estar juntos, y ser los correctos para el otro, nunca lo fuimos. Estábamos tratando de ser versiones de nosotros mismos que el otro quería que fuésemos. Estábamos tratando de enmendar todos los errores de nuestros exes que por tanto tiempo nos habíamos contado, en realidad no sé si era amor.

Nunca he sido buena para la rupturas y ahora no estoy sintiendo solo una, sino que dos; una dolorosa ruptura amorosa, y una insoportable ruptura amistosa, y ya nada nunca volverá a ser como antes.

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