Por Emilia García
9 junio, 2015

Aunque suene duro, tengo mis buenas razones. 

Mi hija es objetivamente bella. No lo digo porque sea su mamá, lo juro. Tiene unos maravillosos rizos de color café perfectamente definidos y una piel trigueña que hace que sus ojos verdes se luzcan aún más. Es realmente hermosa.

Lo que más quiero en el mundo es decirle lo linda que es, sin embargo, esta sociedad actual me ha frenado durante los 6 años que ella tiene.

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@amelia_love125

Seguramente se estarán preguntando qué tiene que ver una cosa con la otra, y deben encontrar horrible que no le diga que es hermosa, pero tengo mis razones, lo juro. Y es que nuestra cultura actual tiende a tratar a las mujeres como un objeto, desde el comienzo de nuestra vida; solo piensen en las muñecas, y en nuestra obsesión por la princesa perfecta.

Desde pequeños, los hombres comienzan a mirar a las mujeres como un objeto. Desde pequeñas, las mujeres comenzamos a mirarnos a nosotras mismas como un objeto, y eso nos hace vivir eternamente preguntándonos si somos bellas o no, y vivir eternamente trabajando por lograr acercarnos cada vez más a los estándares de belleza establecidos, por lo que mientras más lo pienso, la belleza se transforma para mí en algo cada vez en algo más feo.

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@1inspirations

No quiero que mi hija crea que vale por ser bella, sino que quiero que se sienta orgullosa de su inteligencia, de su sencillez, de su sentido del humor, de su perseverancia, de su esfuerzo constante. No quiero que le de a la belleza una importancia que no merece. Por eso, suplo los cumplidos de belleza con otro tipo de cumplidos para ella. “Eres adorable, eres interesante, eres tierna, eres inteligente”. Quiero que entienda que esas son las cosas que hacen a una persona agradable para estar a su alrededor, y que esas cosas se pueden trabajar, se pueden conseguir, a diferencia de la belleza natural.

Porque quiero que la belleza no sea un tema en su vida, pues la belleza se va, y todo el resto queda.

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