Por Andrea Araya Moya
2 abril, 2015

Probablemente el tiempo frente a la pantalla no sea tan malo después de todo.

Este artículo fue originalmente escrito por Kally Sullivan para Scary Mommy

No queremos que nuestros hijos se conviertan en unos robots que miran televisión todo el tiempo, pero usualmente sentimos que necesitamos ese pequeño descanso que las pantallas nos pueden entregar.

Es así como llegamos a la decisión de crianza más difícil: Dejarlos utilizar estos aparatos o no. Estas tecnologías nos rescatan en situaciones difíciles. Cuando esperas al doctor con un niño pequeño. Cuando intentas controlar un berrinche provocado por el hambre en un restaurante.

Esa es la razón por la que amamos estas pantallas. Son las heroínas de nuestro día y nos entregan espacios durante el día libres de dramas donde podemos descansar y dejar de batallar. A veces es más complicado. No existe ninguna situación que deba ser controlada, pero los niños siguen preguntando si pueden usar este interesante aparato.

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¿Puedo usar tu teléfono? ¿Podemos jugar Wii? ¿Puedo ver televisión? Es mucho más que sólo blanco y negro y tiene muchas aristas. Quieres decir que sí porque sería más fácil, pero también sientes que deberías decir que no porque, bueno, es una pantalla después de todo.

¿Por qué nos sentimos tan mal al respecto? ¿Por qué existe tanta vergüenza y culpabilidad a la hora de usar estos aparatos como una herramienta en nuestro arsenal a la hora de criar? Es sencillo. Se debe a que esta tecnología se ve acompañada de un juicio del que no se habla: Si necesitas usar esta herramienta para criar a tus hijos, entones no eres un buen padre.

¿Comprenderán cómo entablar relaciones? ¿Cómo comunicarse? ¿O usarán emojis para expresarse?

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¿Cuál será el impacto de la cultura de las selfies? ¿Qué pasará con el bullying virtual? ¿Qué pasará con quienes buscan hacerle daño a nuestros pequeños a través de internet? Así es, es un mundo nuevo y peligroso. Y nos da miedo. Claramente no queremos que nuestros hijos sean los conejillos de indias.

Nos preocupa esto cada vez que les decimos que sí a estos aparatos, porque sentimos que los estamos poniendo en un camino cuyo destino no es el mejor. Esperamos que si podemos controlar la cantidad de tiempo que pasan frente a una pantalla, quizás podremos controlar la situación de alguna manera.

Y cuando no estamos atentos a estos comportamientos nos sentimos como los peores padres y los más perezosos por escoger el camino fácil, en vez de crear un ambiente lleno de creatividad y aprendizaje y forzar a nuestros hijos a auto entretenerse con la ayuda de una pantalla.

En vez de odiar estos aparatos, debemos esforzarnos para demostrarles a nuestros hijos que existe un gran mundo allá afuera que debiese ser explorado, y que relacionarse con otros es más importante que luchar batallas virtuales.

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Sin embargo, a veces dejo que esta vergüenza me consuma. Amenazo con esconder las tablets. Inconscientemente decreto límites. Opero desde el miedo en vez que desde la razón. Debo recordarme a mí misma que, como familia, estamos conectados con el mundo. Nuestras vidas no son dominadas por pantallas.

Tal como muchos otros niños, mis hijos ocupan estos aparatos cuando se sienten aburridos o poco inspirados. ¿Pero quién puede estar atento y lleno de creatividad todas las horas de todos los días? Al menos yo no puedo. Así que dejaré ir esta vergüenza que siento.

Porque mis hijos viven vidas integrales y completas. Porque a veces necesito tomar la opción más fácil. Y porque a veces creo que un tiempo razonable de tablets y celulares es mucho mejor para nuestra familia que imponer límites. Porque cuando algo parece ser amenazante o prohibido sólo te dará más ganas de usarlo.

Luego de la escuela mis hijos vendrán a casa, comerán algo, jugarán juegos de video y verán televisión. Es posible que lo hagan todo al mismo tiempo. Me niego a sentirme mal al respecto.

Visto en Scary Mommy & Imágenes de We Heart It

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