Por Andrea Araya Moya
27 marzo, 2015

«Dejar que paguen tu cuenta no es tan malo como piensas».

Una cosa que realmente me molesta sobre el feminismo es que a veces las feministas intentan decirles a otras feministas cómo practicar el feminismo de manera correcta. Voy a clarificarlo ahora: el feminismo es la creencia en la igualdad de género. Eso es. Más allá de ello, se trata de las infinitas corrientes del feminismo que se dedican a solucionar las desigualdades específicas que se manifiestan en poblaciones y grupos de mujeres distintos. Pero el fondo del asunto es que el fundamento del feminismo es nada más complicado que una creencia de que la igualdad entre los géneros debe existir.

Si te identificas como una feminista, todo lo que necesitas hacer es creer que los hombres y las mujeres debiesen ser iguales e intentar de llevar esta creencia a la práctica. Tú puedes ser quienquiera que desees ser: ese es el punto del feminismo.

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Parte de la igualdad de género es permitir a las mujeres el derecho a tomar sus propias decisiones, de la misma manera que pueden los hombres. Te apuesto que nunca has escuchado que alguien le ha dicho a un hombre, «¿tienes una carrera y una familia? ¡Eso no es apropiado en una mujer!» Las personas están mucho más inclinadas a decirles a los hombres algo como, «¿Llegaste del trabajo a casa y cocinaste la cena para tu esposa? ¡Wow, eres increíble!», pero, escuchas a las personas decir cosas como, «¿Cómo puedes reconciliar el hecho de ser una mujer con una carrera y tu deseo de tener hijos? Y, «¿Cocinas para tu hombre, no es eso un poco anticuado?». Una feminista puede ser cualquier persona que quiera ser y ninguna persona tiene el derecho de decirle que está siendo una mala feminista. Puede ser fuerte y llevada a sus ideas, puede ser superficial o mala o chistosa, o cambiante o gorda o flaca. Lo que quiera.

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La verdad es esta: Una de las cosas «malas» que una feminista puede hacer es forzar su definición de lo que es una conducta feminista apropiada a otra persona. Definitivamente debiésemos tratar de enseñarnos las unas a las otras, pero no tenemos el rol de controlar lo que hacen las otras personas. Por lo tanto, desde mi punto de vista, considero que hay cosas que hago que no deberían tildarme de «mala feminista», como dejar que un hombre pague por mí cuando me invite a salir. Sí, muchas veces lo he permitido, pero creo que tildar este gesto de «machismo» o «poco feminismo» no está bien, a veces permitir un poco de cortesía no está mal, y no dejaré de ser feminista por eso.

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Lo mismo pasa si disfruto hacer las labores domésticas o que me importe mi apariencia, que me arregle y ponga bonita y agradezca los cumplidos. En realidad siento que no está mal actuar así de vez en cuando, creo que no es necesario andar por la vida rechazando todo lo que se relacione a hombres, pues de eso no se trata el feminismo. La verdad, amigas, es que una mujer feminista puede hacer lo que quiera y sin sentir miedo del qué dirán los demás, puede aceptar invitaciones, puede ponerse bonita, puede apoyar y ayudar a su hombre si es que así lo quiere y no se siente obligada, y, sobre todo, puede hacer resonar su propia voz, eso es lo que importa, el resto es mera palabrería.

Visto en Bustle & Imágenes de We Heart It

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