Por Nicole Lavanchy
25 febrero, 2015

A ti, que no vacunaste a tus hijos, ¿sabes de qué los protegen las vacunas? Del dolor. Sufrimiento. Daños irreparables.

Este artículo fue originalmente escrito por Jennifer Hibben-White para Huffington Post. 

El 9 de febrero recibí una llamada del servicio de atención de salud pública en donde se me informó que mi hijo Griffin, junto a mi madre y a mí, habíamos posiblemente estados expuestos al virus de la varicela cuando habíamos asistido a un control con el doctor hace un mes.

En ese momento, Griffin tenía sólo 15 días de vida.

Se me informó que una persona, luego de que fue diagnosticada con varicela, había estado sentada en la sala de espera del doctor alrededor de 1 hora y media hora antes de que llegáramos. También se me informó que la varicela se considera una enfermedad viral y por lo tanto puede vivir en el aire y en las superficies hasta dos horas después que la persona infectada se ha retirado del lugar.

Se me preguntó si me había vacunado contra la varicela. Respondí que así era.

Griffin no, no se había vacunado. No puede vacunarse. Este es Griffin.

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Se me aconsejó no acercarme a niños pequeños. Si trabajaba en un ambiente con niños se me daría una licencia para que no asistiera a mi lugar de trabajo. La verdad es que sí trabajo en un ambiente con niños: mi hogar. Aquí es donde me encuentro con Griffin y mi hija de 3 años, Aurelia, quien sólo ha podido ponerse sólo una vacuna hasta ahora. Técnicamente también se encuentra expuesta. Tenemos que esperar y estar atentos a los síntomas: fiebre, tos, secreciones de nariz. Si presentamos cualquiera de estos síntomas debemos llamar al doctor y dirigirnos al hospital como una medida de precaución oficial. Debemos esperar en casa, sin tener contacto con nadie más, hasta el 17 de febrero, día en el que se cumplen los 21 posibles días de incubación de la enfermedad y donde estaremos seguros de que no nos hemos contagiado.

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¿Sabes de que protegen las vacunas a tus hijos? Dolor. Sufrimiento. Daños irreparables. Muerte.

Y serías el primero en la fila si supieras cómo se siente perder a un hijo.

Te arrastrarías por las calles de rodillas suplicando, suplicando que le pusieran la vacuna a tus hijos porque eso es lo que yo habría hecho si hubiese podido, para salvar a mi hija.

Sin embargo, no había ninguna vacuna para ella. Al menos no para su enfermedad. Y murió. Murió a la edad de 5 años y medios y no volverá.

Las opciones de Griffin son esperar que presente los síntomas o que otra semana pase sin que enferme. Una opción o la otra.

Estoy enojada. Muy enojada.

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No me enojaré ni culparé a esa persona en la sala de espera. Es posible que yo también hubiese hecho lo mismo… cuando te enfermas vas al doctor. No tengo idea cuál es su historia y nunca lo sabré. Pero sí se una cosa:

Si has escogido no vacunar a tu hijo, te culpo. Te culpo a ti.

Has estado parado sobre los hombros de nuestra protección colectiva durante demasiado tiempo. Desde esa altura, te hemos dado el privilegio de nuestra protección sin costo alguno. Y como pago, me diste esta semana. Una semana infernal. Una semana en la que no sé si mi bebé presentará síntomas que probablemente puedan llevarlo a la muerte.

Muerte.

Ahora pongámoslo todo sobre la mesa, ¿te parece? Todo sobre la mesa.

No tienes idea lo que significa ‘síntomas que potencialmente puedan llevar a…’ De verdad no lo sabes. Yo sí. Desafortunadamente lo sé.

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¿Crees que estás protegiendo a tu hijo del timerosal? No es así. No está presente en la vacuna.

¿Crees que los proteges de sufrir de autismo? No es así. No hay nada científico que pruebe esto. Si quieres usar google en vez de la ciencia para decirme ‘lo equivocada que estoy’ entonces me sentiré feliz de decir que estás mal informado.

¿Crees que estás protegiendo a tu hijo con extractos homeopáticos y pensamientos positivos y Leyes de Atracción y bailando a la luz de las velas cuando hay luna llena? No es así. YO PROTEJO A TU HIJO. Nosotros protegemos a tu hijo. Al ser ciudadanos del mundo que se preocupan de sí mismos, de los demás y de quienes son más vulnerables. Así que nos vacunamos y hacemos que nuestros hijos se vacunen también.

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¿Crees que estás protegiendo a tu hijo dejándolo comer tierra, reduciendo sus antibióticos y comiendo alimentos orgánicos? No es así. Si eres una persona que no está vacunada lo único que te protege es la buena suerte. Te dejamos ser privilegiado gracias a nuestra voluntad de vacunarnos y vacunar a nuestros hijos.

Veo estos argumentos en Facebook y Twitter que citan ejemplos científicos falsos y estudios que hace mucho han perdido credibilidad sin parar y citas de Jenny McCarthy y ‘es mi decisión’ no vacunar a mis hijos… y pienso ¿Qué hubieses hecho si tu hijo hubiese estado muriendo? ¿Les hubieses dado una vacuna científicamente probada, segura y efectiva y hubieses aceptado el pequeño riesgo de los efectos secundarios? ¿O hubieras dejado a tu hijo ir sabiendo que al menos no tendrán autismo (algo que ni siquiera hubiesen llegado a padecer de cualquier forma)?

Y no te atrevas a decirme que no los vacunarías. No te atrevas. No tienes idea lo que se siente pasar por lo que pasé.

Mira a Griffin. Dime, ¿Por qué tiene que sufrir por la forma estúpida e imprudente en la que abusas de nuestra protección? Dime.

Tengo que esperar 7 días más para estar segura que mi bebé estará bien. Siete días más.

Visto en Huffington Post & Imágenes de I Stock Photo

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