Por Emilia García
24 abril, 2015

Es difícil ver cómo la gente lo tilda de diferentes maneras sin saber su verdadero problema.

Quizás no es un problema que se vea a primera vista. Quizás no es algo que notas apenas lo conoces, pero no por eso es algo menos doloroso. 

Aunque parezca un tema menor, prometo que no lo es, y no quiero seguir viviendo en el silencio, suficiente ya tengo, así que voy a decirlo.

Soy madre, y metafóricamente comparto corazón con mi pequeño, por lo que todo lo que le pase a él, también me pasa a mí. Mi pequeño tiene un problema de retraso al desarrollo del habla. Eso quiere decir que hay un desfase en cuanto a cuando debería a comenzar a hablar y cuando lo hace realmente. Es un desarrollo del lenguaje lento que no corresponde a su edad. Por lo tanto, es distinto a todos los niños de su colegio. 

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Es verdaderamente difícil ver cómo todos ellos van hablando cada vez más cuando mi pequeño se queda estancado. Es difícil cuando las profesoras te dicen que avanzarán con el lenguaje y él apenas puede hablar. Es difícil ver las ganas que tiene de decirte algo pero no puede. Es difícil no poder saber lo que quiere porque simplemente no puede comunicarse. Es difícil ver cómo la gente lo juzga y lo tilda de «tonto», «lento» o «mal educado», sin saber su verdadero problema. Es difícil tener que explicar lo que le ocurre constantemente y que lo miren con cara de «pobrecito». Es difícil ver que un niño le hable en la plaza y él no puede responderle.

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Pero es doblemente difícil para mi vivir esto, porque más allá de lo que yo sienta, no puedo soportar ver lo frustrado e incapacitado que se siente. He tratado de decirle que su condición no es algo malo, que hay cientos de niños como él, pero es difícil entender esas cosas siendo tan pequeño. El ve y siente que no encaja. 

Duele ver cómo no se puede defender si le dicen algo, duele verlo en los recreos en la esquina por no poder hablar con nadie. Y asusta. Asusta pensar que quizás jamás hable, que el tratamiento no funcione. Asusta pensar si es que se podrá poner el día con sus compañeros de curso, ¿tendrán mis próximos hijos el mismo problema? Es algo que aterra. Solo espero que no sea así.. 

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