Por Catalina Yob
22 mayo, 2017

El diagnóstico la dejó desconcertada.

Al llegar a la adolescencia Jamie Manelis decidió iniciar su vida sexual pero su cuerpo simplemente no se lo permitió. Lubricante, pornografía, ejercicios de respiración, masturbación e incluso medicamentos que inducen la relajación muscular fueron sólo algunos de los mecanismos utilizados por esta joven que se dio cuenta que sus músculos de forma natural no le permitían tener relaciones sexuales. 

Cuando tenía sólo 15 años, los médicos le diagnosticaron vaginismo (2 de cada 1.o00 mujeres lo padecen), una disfunción de carácter sexual que provoca un espasmo involuntario de la musculatura que rodea la vagina al intentar el coito, imposibilitando por completo la penetración. 

“Tenía 15 años cuando supe lo que era el vaginismo, una condición psicosomática que causa que los músculos pélvicos se junten cuando se intenta una penetración. Sabía que algo andaba mal conmigo porque lo intenté todo. Además de que físicamente no podía, el dolor era agonizante. Intentar tener sexo era como rociarme ácido caliente sobre mis partes íntimas”.

La primera vez que supo que sufría de esta condición no fue precisamente cuando intentó tener sexo por primera vez, sino que fue al colocarse su primer tampón. Tras unas horas y al momento de pretender cambiarlo, Jamie notó que simplemente no podía sacarlo. No fue hasta una hora después y con la ayuda de dos amigas que éste logró ser extraído desde su cuerpo.

A los 18 años intentó tener sexo con su novio de la secundaria. Alquilaron la habitación de un hotel en Disney y aguardaron hasta media noche para concretar el acto, lamentablemente esto no sucedió. Intentaron con 10 posiciones y una gran cantidad de lubricante, pero sus peores miedos se hicieron realidad.

“No me importaba el sexo, no podía importarme en realidad. La virginidad no era algo sagrado para mí, sino que era mi mayor carga”.

Pero a sus 22 años y tras salir con un hombre mayor, sucedió. Sin pensarlo y sin utilizar método alguno, Jamie logró perder su virginidad y sin padecer de dolores posteriores. Esto no sólo hizo sentir satisfecha a su pareja de ese entonces, sino que Jamie sintió que finalmente era una mujer normal. Tras año sintiendo que no podía ser amada, aquel momento la hizo sentir completa.

“Finalmente pude sentirme sexualmente adecuada, no para los demás, sino que para mí misma”.

¿Sabías de la existencia de este síndrome que afecta silenciosamente a cientos de mujeres?

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