Por Andrea Araya Moya
2 abril, 2015

“Si no hicieran mi vida caótica, nada tendría sentido”.

Este artículo fue originalmente escrito por Regan Largo para Scary Mommy

Mis hijos me vuelven loca ¿Me convierte eso en una mala madre? Ahora que voy en mi cuarto bebé, recién he logrado juntar el coraje para decirlo en voz alta, pero lo hacen, me vuelven loca. Arrastrar por las escaleras una carga completa para lavar. Luego, llevar el cesto vacío al baño y encontrar una pila de ropa sucia y toallas ya desparramadas por todos lados, suficientes para completar otra carga de lavado. Desayuno. Limpiar. Hora de la merienda. Limpiar. Almuerzo. Limpiar. Cena. Limpiar. Merienda antes de dormir. Limpiar. Puedo afirmar con bastante seguridad que podrías quedarte en la cocina toda la mañana, día, tarde y noche, preparando y sirviendo y limpiando. Es un trabajo completo por sí mismo.

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El ser capaz de encontrar un par de zapatos es una tarea en sí misma también. El armario designado sólo para zapatos se ha desbordado, hasta el punto en que hay días en los que me siento tentada a botarlos todos. Donde sea que vaya me estoy tropezando o nadando por un área cubierta en zapatos. Naturalmente, nunca con su otra mitad, sino con un zapato o calcetín mezclados con juguetes o ropas desparramadas.

Los platos. El lavavajillas está andando. Ambos lados han comenzado a llenarse y ves como unas pequeñas manitos se alzan sobre la mesa para dejar otro vasito o plato sucio sobre ella. Nada es imposible, pero el poder alguna vez terminar de lavar los platos mientras la ropa se lava también, eso es imposible.

Un bebé necesita un cambio de pañal, el otro niño está gritando y necesita que le limpien el trasero en el baño, otro grita desde otro piso en la casa que debes acudir rápido, que es una emergencia.

Estoy bastante segura de que somos la razón por la que los hombres de la basura siguen con su negocio activo. No sé cómo es posible acumular tanto en tan poco tiempo. Cada uno de los basureros de la casa se llena.

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Se pasa la aspiradora por las habitaciones principales a diario y esto también no parece notarse o importar, ya que oigo cosas crujir sobre la superficie de la alfombra; cuando la vacío, no puedo creer que permití que mis hijos se arrastraran y jugaran sobre lo que estaba bajo ellos.

Es reconfortante saber que si alguna vez nos quedáramos aislados en algún lugar tendríamos un paquete de supervivencia de todo en nuestro vehículo. Aquí es donde, gran parte del tiempo, uno de los calcetines o zapatos perdidos aparece, junto con la camiseta perdida que estuvo guardada bajo el asiento por algún tiempo, y el chupete que estaba entre los asientos de la fila de atrás. En el constante apuro de correr hacia los entrenamientos y juegos y eventos y reuniones, hacemos carreras desde y hacia el auto, y lo que sea que dejemos atrás será posiblemente encontrado dentro de los próximos meses, cuando encontramos 10 minutos extras para limpiar el auto.

Algunos vecinos deben pensar que tenemos conciertos de rock o luchas en nuestra casa. Dependiendo de la hora del día o ánimo de los chicos puede haber gritos y peleas con todo entre nuestros hijos, mientras hacen ruidos y lloran de una forma que ni siquiera puede ser imitada. Alguien está gritando “¡Mami!” cada minuto de cada hora de cada día. Hay días en los que te sientes esclavizada en tu propia casa, pues ningún segundo es tuyo.

Si no tuviera que estar lavando ropa eternamente, eso significaría que no tendría pequeños brazos alrededor de mi cuerpo para mantener el equilibrio mientras les pongo sus pantalones o que nunca recibiría esos besos en mi nariz o esas dulces miradas cuando estamos frente con frente, incluso si es la séptima vez que estoy vistiéndolos ese día.

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Si no me despertaran antes de que salga el sol no tendría un motivo para salir de la cama cada mañana y prepararme para otro día de aventuras que me esperan. Los pequeños monos que me gobiernan, aterrorizan, y que corren en todas las direcciones son mi motivo para seguir adelante.

Si no tuvieses un revuelo y ruido constante, el silencio me parecería casi ensordecedor. Así que, si no necesitara necesitar, por ponerlo de una forma simple, estaría perdida.

Sí, mis hijos me vuelven loca. Me tomó mucho tiempo el poder decirlo en voz alta por miedo a que significara ser una pésima madre. Pero es el loco circo lleno de risas y amor con el cual he soñado y por el cual he rezado toda mi vida. Estas pequeñas personitas son los amores absolutos de mi vida.

Así que la próxima vez que estés lista para tirar de tu cabello, haz dos cosas. Recuerda que no estás sola. Y a veces sólo tienes que sentarte, reír y disfrutar del viaje infernal en el que estás. Se acabará antes de que te des cuenta. Enciende la música, levanta a uno de tus hijos y baila, ama y ríe. No hay nada que un poco de amor y risa no pueda sanar.

Visto en Scary Mommy & Imágenes de We Heart It

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