Por Carolina Mila
27 enero, 2015

Esta columna fue escrita originalmente por Ann Friedman para NY Mag.

Me emocioné mucho cuando mi amiga me contó que estaba embarazada el año pasado. No porque sabía que ella siempre había querido ser mamá, sino que por todo lo contrario. De hecho, se pasó la mayoría de su vida dudando. No estaba cerrada a la posibilidad de tener hijos, pero tampoco le gustaba tanto la idea. Su esposo realmente quería niños, sin embargo, y ella estaba pasando por sus 30s, así que finalmente lo intentaron. Egoístamente, yo estaba muy emocionada por ver un experimento a tiempo real: ¿Qué pasa cuando una mujer que tiene sentimientos contrarios sobre ser madre decide quedar embarazada?

Muchas mujeres están seguras de que quieren hijos algún día. Un número menor está seguro de que no. Pero hay otro grupo que no es el tópico de muchos estudios preocupados o de best sellers: las indecisas. Las que vacilan entre “no me siento convencida por tener hijos” y “¿qué pasa si me arrepiento de no haber tenido hijos?”

Un par de ex indecisas (como Rebecca Walker y Ayelet Waldman) han escrito memorias después de haber decidido tener hijos. Pero mayormente, los artículos sobre fertilidad contienen la frase “siempre había querido hijos,” y las que son felices sin niños con frecuencia no admiten haber tenido necesidades parentales. El hecho de que mujeres con educación superior están teniendo hijos más y más tarde se describe típicamente como “maternidad retrasada”, implicando que estas mujeres han estado seguras todo el tiempo de que algún día serían madres, y estaban simplemente postergándolo. Las luchas de fertilidad de estas mujeres están increíblemente bien documentadas, quizás porque se usan como historias de advertencia sobre las consecuencias sociales que trae concentrarse en su carrera antes que todo.

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Pero muchas mujeres no están postergándolo –están debatiéndolo. Para ellas, la maternidad no es una inevitabilidad pospuesta por una larga búsqueda por la pareja perfecta. Ellas están genuinamente confundidas sobre si quieren o no tener hijos. No ahora, no algún día, pero quizás nunca. Quizás es por esto que muchas parejas que saben más optan por el arriesgado método de salirse antes. “No todas están decididas cuando se trata de saber cuándo empezar a tener hijos –o, si quieres más de un hijo, cuándo es el momento correcto para empezar a tratar de tener al siguiente,” escribió Amanda Marcotte de Slate. “Para algunas, es más fácil solo ser inconsistente con los anticonceptivos o cambiarse a métodos menos efectivos y dejar que el destino tome la decisión final.” Un estudio del año pasado descubrió que la gente que estaba indecisa sobre el embarazo era más propensa a no usar métodos anticonceptivos.

“Muchas mujeres que están indecisas sienten que deberían sentir un profundo deseo de criar a un hijo, y la verdad es que no es así,” dice Laura Carroll, autora de The Baby Matrix (La matriz de bebés). Realmente no hay evidencia, dice ella, de que las mujeres tengan una necesidad biológica de procrear. Los humanos son los únicos animales que eligen si tener hijos o no. Cuando haces bromas de que tus ovarios están saltando, en realidad es tu cerebro pensando me gustaría ser una madre algún día. Estás emocionalmente –no biológicamente– procesando todas esas lindas fotos de bebés en Instagram.

Ciertamente sería más fácil si hubiera una motivación biológica definitivamente empujando a todas las mujeres a ser madres. Para la mayoría de nosotras es mucho más complicado que eso. “Al mirar atrás, sé que nunca quise hijos,” dice Jill Uchiyama, profesora y cineasta de 46 años. “Pienso que hay un momento en que sí quise, porque estaba casada y muy enamorada de mi esposo. Eso es lo más cerca que he estado de realmente quererlo. Pero no fue lo suficientemente fuerte para hacer que pasara.”

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Separar tus deseos básicos personales de otros factores, como la relación en la que estás en el momento o dónde estás parada en tu carrera, es una tarea extremadamente difícil. Sin mencionar la presión social. A pesar de la influencia feminista creciente en los medios, la sabiduría convencional dice que ser madre es el llamado más importante de la comunidad de mujeres, solo pregúntale a todas las CEOs que se refieren a sus hijos como sus más grandes logros. Al mismo tiempo, las mujeres jóvenes reciben el mensaje claro de que tener hijos es difícil. Realmente difícil. Libros como Overwhelmed: Work, Love and Play When No One Has the Time (Agotada: trabajo, amor y juegos cuando nadie tiene el tiempo) llegan a la cima de la lista de best sellers. Encabezados directos explican que las mujeres tienen que pagar sanciones en el trabajo por convertirse en madres. Incluso anuncios en internet relacionados con ser padres dan miedo: “100 razones para no tener hijos.” Agrega a eso un par de conversaciones borrachas con vino con amigos que son padres sobre sus vidas sin sueño ni sexo, ¿y quién no se sentiría aunque sea un poco indecisa?

“Cuando decidimos tener un hijo, nos quitamos a nosotras mismas la libertad y otras satisfacciones que vienen con vivir sin hijos,” escribió la psicoanalista Merle Bombardieri en su guía sorprendentemente aún relevante The Baby Decision (La decisión de bebés). “De manera similar, la decisión de no tener hijos significa que debemos dejar atrás la intimidad y las alegrías de ser padres. Al no decidir, nos aferramos a la ilusión de que podemos tener ambos –de que no tenemos que perdernos de nada. Y tampoco tenemos que enfrentarnos al riesgo de descubrir que tomamos la decisión incorrecta.” Incluso si estamos alertas de que “tenerlo todo” es un mito corporativo feminista, es la decisión de tener hijos lo que nos muestra este hecho.

Las indecisas pueden pasar años esperando por un cierto set de circunstancias –conocer a la pareja ideal, encontrar un trabajo diferente, enfrentarse a un embarazo no planeado, heredar millones de dólares– que las convenzan y las hagan darse cuenta, definitivamente, de si quieren o no hijos. Estudios académicos se refieren a esto como “una particular constelación de fantasías y defensas.” Pero “fantasías” es probablemente el término adecuado. Muchos padres te dirán que nunca es exactamente el momento correcto para tener un hijo. Tienes que ir por ello si realmente quieres hijos.

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Carroll dice que las mujeres indecisas deberían aceptar el hecho de que quizás simplemente no están tan interesadas en la maternidad. Si no pueden decidir, “la mayoría de las veces, el deseo no es tan fuerte,” me dijo. “Tienen que aceptar eso. Muchas mujeres que siguen postergándolo, la verdad es que lo están haciendo porque no es tan importante.”

Pensé en mi amiga, la ex indecisa mujer sin hijos, que ahora es una mamá. Ella me dijo recientemente que las cosas a las que les temía no eran tan malas como ella pensaba que serían, y que las cosas que la emocionaban eran mucho mejores. Incluso si no le dio prioridad a ser madre, e incluso si no lo predijo bien, está claramente feliz de haber hecho el salto. Y por supuesto muchas personas sin hijos están felices de no haberlo hecho. El punto es, creo, que las historias de otras personas en verdad no son de mucha ayuda.

Un lector de la columna de consejos “Dear Sugar” de Cheryl Strayed una vez escribió para preguntar si él y su esposa deberían tener hijos. Ya eran felices, escribió, y no sentían que les faltara nada. Pero no querían arrepentirse de no tener hijos. Ella le aconsejó tratar de visualizar ambas vidas, una con hijos y otra sin: “una es la vida que vas a tener, la otra es la que no. Cámbialas en tu cabeza y ve cómo se siente. ¿Cuál te afecta a nivel visceral? ¿Cuál no puedes dejar ir? ¿Cuál es dominada por el miedo? ¿Cuál es dominada por deseo? ¿Cuál te hacer querer cerrar tus ojos y saltar y cuál te hace querer darte la vuelta y huir?”

Para las indecisas –al menos aquellas que no están dispuestas a jugar a la ruleta de los anticonceptivos– este tipo de búsqueda dentro de tu alma parece ser la única salida. Y es probable hacerlo inmediatamente, mejor que esperar a que la fertilidad menguante o que una particular constelación de fantasías se hagan realidad para hacer que la elección se aclare. “Parte de superar tu indecisión,” dice Carroll, “es empezar a ordenar lo que es verdad y lo que es mito, y sentarte con tus propios sentimientos puros.”

Visto en Nymag y Weheartit

 

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