Por Antonio Rosselot
7 noviembre, 2017

Este caballero vivió en el siglo XIX, el XX y el XXI, y aún tiene cuerda para rato.

¿Qué pasó en 1896? Varias cosas: los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, se registró un tsunami de 25 metros en Japón, se descubrió la radioactividad, se fabricó el primer auto motorizado Ford…y nació don Celino Villanueva, en la localidad de Río Bueno, en el sur de Chile.

Este hombre tiene la particularidad de ser el hombre más longevo del planeta, con 121 años cumplidos en julio de este año. Y habiendo vivido en tres siglos distintos, a Celino aún le queda mucho por dar.

La Tercera

El problema es la veracidad de esta información. Hace ya largos 22 años, cuando quien les escribe apenas tenía dos años de edad, don Celino perdió su casa en un incendio. Y por consiguiente, todos sus papeles y certificados legales, incluido el de nacimiento. Pero la verdad es que en Chile, nadie duda de su edad.

Piotr Kozak / The Guardian

La historia de Villanueva es un poco difusa, dado que hay muchos años de su vida que ya no tiene registrados. Lo que se sabe es que trabajó hasta los 80 años como agricultor en un fundo privado y, una vez que lo jubilaron, se instaló en el pueblo costero de Mehuín, arrendando una humilde choza para instalarse. 

Luego llegó el incendio, y después de casi morir en las llamas perdiéndolo todo, Marta Ramírez, una mujer de la zona, lo acogió. Si bien ha sido destacado como un ejemplo para sus pares, don Celino ha tenido que sufrir en carne propia las graves inclemencias del sistema de salud de Chile, en donde la brecha entre la salud privada y la pública es realmente enorme. Y como don Celino no tiene muchos recursos, su salud ha estado más frágil.

Celino y su cuidadora, Marta Ramírez (Piotr Kozak / The Guardian)

Está ciego en un 90% por un severo diagnóstico de cataratas, ha perdido el 85% de la audición y le faltan prácticamente todos sus dientes.

Así que esperemos que el Gobierno de Chile se haga cargo y lo ayude con sus problemas más serios, cosa de garantizar que sus últimos años sean lo más tranquilos posible. ¡Aguante, don Celino!

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