Por Catalina Yob
22 junio, 2018

Lourdes, quien hoy se encuentra en Guatemala, asegura que desde el Gobierno de Estados Unidos le informaron que el proceso de reunificación puede demorar 5 meses o más.

«Cuando cruzamos la frontera, nos entregamos y los agentes de inmigración me hicieron preguntas y de inmediato me dijeron que el niño se iba para un albergue y que yo iba a ser detenida. Nosotros entramos al país el 10 de mayo y al niño me lo quitaron el 12 de mayo a las 7 de la mañana», relata Lourdes de León, quien al igual que otras miles de familias, fueron separados al preciso instante en el que intentaron ingresar a territorio estadounidense.

El 5 de mayo, Lourdes y su hijo Jeancarlo, de 6 años, dejaron atrás Guatemala y emprendieron rumbo a la frontera de México con Estados Unidos. La escasez de trabajo y la miseria en la que estaban insertos, motivó a la madre a tomar la decisión de viajar a Estados Unidos, con la esperanza de que su hijo tuviera acceso a una vida más digna.

Durante días, ambos debieron enfrentarse a un camino dificultoso, el cual estuvo marcado por la ausencia de un lugar para poder refugiarse. Al llegar a Estados Unidos, junto a un centenar de familias latinoamericanas, Lourdes fue golpeada con la noticia que le entregó personal de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos: su hijo sería trasladado hasta un centro de internación provisoria y ella sería detenida por el delito de «ingreso ilegal». 

Lourdes de León
Lourdes de León

Entre gritos desesperados, uniformados le aseguraron que mantendría contacto con su hijo y que a raíz de su identificación, podría ubicarlo, sin embargo y a más de un mes de aquel momento, la madre sigue sin recibir información referente a Jeancarlo. En el centro de detención al que fue llevada tras su arribo, envió una solicitud al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE) para hablar con el menor, pero no obtuvo respuesta hasta 16 días después.

«La primera vez me contestaron, me dijeron que iban a programar una llamada con el que estaba a cargo de mi hijo, pero pasaron tres días y nada pasó. Así que volví a enviar una nueva solicitud», relató. 

Por medio de una corta llamada telefónica, Lourdes logró hablar con el menor, quien le contó que estudiaba desde las 8 de la mañana hasta la 5 y que la encargada de su cuidado lo «regañaba mucho». Sin tener la posibilidad de verlo y/o de cuidarlo, Lourdes cedió a la presión y siguió el consejo de una agente, quien a su llegada al país, le informó que si firmaba su deportación, le devolverían a su hijo. 

Lourdes se encontraba en el centro de detención, popularmente conocido como «la hielera», lugar en donde los detenidos son alimentados con sopas crudas y duermen sobre una manta térmica de aluminio, situación similar a la que viven los niños en los centros de internación. En menos de una semana, la madre fue trasladada hasta dos recintos distintos, en Arizona, en los que fue hostigada por agentes de deportación, quienes la presionaron para que entregara una respuesta en cuanto a la situación de su hijo. 

Con el miedo de que Jeancarlo podría caer en manos desconocidas, Lourdes llenó los formularios y firmó el acta de deportación para volver a Guatemala junto a su hijo. De acuerdo a los agentes, el proceso se concretaría al cabo de ocho días, fecha en la cual podría retornar con su hijo. 

«Después de llenar esos papeles me dijeron que mi deportación iba a ocurrir en ocho días y yo les pregunté que si con mi hijo y me dijeron que sí», indicó.

La deportación se adelantó y en cuatro días, su solicitud fue aprobada, sin embargo los papeles del pequeño seguían siendo tramitados. Pese a establecer que no viajaría sin él, los agentes le aseguraron que si se negaba a abandonar el país sola, la reunificación tardaría incluso hasta seis meses. Hoy, Lourdes se encuentra en Guatemala y sin información alguna sobre cuándo podrá ver finalmente a Jeancarlo. 

«He hablado con él por teléfono y él está muy mal emocionalmente, me dice que no le mienta más que los papeles se están demorando mucho, que me quiere ver y yo me siento culpable, culpable de que él esté pasando por todo esto. Hemos tenido que mandar muchos papeles para demostrar que yo soy su madre y además me han pedido que demuestre que yo le puedo dar una buena vida al niño», cuenta la madre, entre lágrimas.

«Yo le digo a la mujer del servicio social que está a cargo de Leo que me prometa que lo voy a ver antes de Navidad y ella me dice que no me puede prometer eso», agrega.

Menores sin identificación

En las últimas horas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el decreto que busca mantener a las familias inmigrantes unidas luego de atravesar el paso fronterizo, sin embargo el gobierno coexiste sin un plan concreto para permitir que la reunificación de quienes ya fueron separados, se concrete. 

De acuerdo al relato de decenas de padres, el reencuentro podría tardarse meses, ya que muchos de los niños que hoy subsisten en centros de internación, no poseen identificación alguna que les permita vincularlos a sus padres biológicos. 

Lourdes de León
AP

Lourdes de León aseguró que al pedir la primera solicitud para contactarse con Jeancarlo, agentes de migración le informaron que el proceso presentaba dificultades, ya que su hijo no poseía identificación, hecho que hacía prácticamente imposible ubicarlo.

De acuerdo a cifras exteriorizadas por entidades y organizaciones sin fines de lucro, cuyo objetivo es ayudar a los inmigrantes, revelan que hoy cerca de 10.000 niños y adolescentes migrantes se encuentran en refugios o centros de acogida, de los cuales no se sabe si tienen o no su identificación correspondiente. 

«Muchas de las mujeres detenidas en la frontera han reportado haber sido presionadas para firmar la deportación voluntaria con la promesa de ser reunida con sus hijos», acusa Laura Tuell, abogada que presta servicios de asistencia a refugiados en Texas.

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