Por Alejandro Basulto
21 enero, 2021

El humilde Wang Enlin enfrentó a la compañía estatal Qihua, que tiene un patrimonio de más de 328 millones de dólares, y aún así logró que el tribunal de su distrito le diera la razón por sobre esta empresa.

Wang Enlin es un ciudadano chino de 60 años que es originario de la aldea Yoshutun. En ella tiene su terreno con el que se dedica a la agricultura, ejercicio que es tanto para él como para el resto de los residentes de la zona, la principal fuente de ingresos. La que se vería amenazada por la actividad económica de una gigantesca compañía estatal china. Mientras Wang jugaba cartas con sus amigos en la víspera del Año Nuevo Lunar en el 2001, se dio cuenta que la casa se estaba empezando a inundar con aguas residuales de la fábrica.

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La empresa estatal, Qihua Group, dedicada a la producción de cloruro de polivinilo (PVC), era la culpable, tras haber liberado entre 15.000 y 20.000 toneladas de desechos químicos al año. Instaló una planta en la provincia de Heilongjiang, cuyos desechos terminaron cayendo en el río del lugar. De esa manera afectó a humildes campesinos como Wang, quienes debido a la contaminación del agua se quedaron sin poder usar sus tierras agrícolas durante mucho tiempo. Desde el año 2001 hasta el 2016 la compañía Qihua llenó el río que beneficiaba toda la aldea de desechos peligrosos. Algo que era obviamente ilegal, aunque los trabajadores agrícolas no sabían por qué.

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Fue entonces cuando a Wang se le ocurrió estudiar derecho por su cuenta y así aprender sobre las legislaciones de su país, para dar con las normas y leyes que las empresa había infringido, además de conocer cuáles era las pruebas que necesitaba demostrar. Un esfuerzo que le tomó 16 años, pero que tuvo su merecida recompensa al final. Ya que a pesar de haber abandonado la escuela en el tercer grado, este campesino logró volverse en un experto en leyes tras leer un montón de libros y utilizar un diccionario jurídico-académico para apoyarse. Incluso al no poder comprarse estos textos, debido su humilde realidad económica, decidió acudir a la biblioteca local donde copió la información a mano en una libreta.

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A medida que aprendía más sobre las leyes de su país y el problema jurídico que lo enfrentaba con la empresa Qihua, acudía a sus vecinos para que le ayudaran a reunir pruebas, ya que sus granjas también habían sido dañadas por esta compañía. Fue en el año 2007 cuando presentaron su caso en el tribunal de justicia, el que se comenzó recién a procesar en el año 2015, y a pesar de la demora, las evidencias reunidas y los conocimientos obtenidos por Wang, hicieron que estos aldeanos ganaran la primera instancia.

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Finalmente, con un patrimonio que supera los 328 millones de dólares, la empresa Qihua, aún tras haber apelado contra la decisión del juez, se vio obligada por el Tribunal del Distrito de Angangxi de Qiqihar, a pagar una compensación financiera equivalente a 110.000 dólares estadounidenses para compensar el daño ambiental que había efectuado.

Previo al juicio, y según consignó AFP, Wang le había dicho a un reportero que: “Sin duda ganaremos. Incluso si perdemos, continuaremos luchando”, lo que es fiel reflejo de la perseverancia y espíritu de lucha de esta guerrero ecológico.

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