Por Alex Miranda
29 agosto, 2018

Las prácticas son antiguas, pero ni la llegada de la religión cristiana ha podido sacar estas ceremonias de su cultura.

Quizás la aldea de Parambei no te resulte familiar, pero este pequeño poblado en Papúa Nueva Guinea es el hogar de uno de los rituales más extraños del mundo: los cortes en la piel para parecer cocodrilos.

Normalmente estas prácticas se realizan en lugares llamados Haus Tambaranalgo así como «casas espirituales», que se encuentran repartidas a lo largo del río Sepik, el punto central de esta red del sistema regional de creyentes que veneran a espíritus, que según ellos, se manifiestan a los humanos en la forma de diferentes animales.

De esos animales, el cocodrilo es el absoluto dominador de las creencias de los habitantes.

La escarificación y las Haus Tambaran

En aquellas casas espirituales se celebra una de las ceremonias de iniciación más extremas del mundo, donde los hombres que viven a orillas del Sepik deben recibir cortes con cuchillas de afeitar en la espalda, los hombros y partes del torso superior, cosa de dejar cicatrices alargadas tratando de asimilar las pieles de los venerados cocodrilos. Aaron Malingi, consejero en jefe de Parambei, dice:

«Los niños son llevados a la casa del espíritu por sus tíos para que los corten. Puede tomar una hora o dos. Hace años, el corte se hacía con bambú afilado».

BBC Mundo

Malingi cuenta que la escarificación -como es denominada la práctica- busca simbolizar la purga de la sangre de la madre y la obtención de sus propia sangre adulta, una suerte de corte metafórico que busca representar el corte del cordón umbilical y con ello el nexo con la madre. Además asegura que en este tipo de prácticas el dolor a veces es demasiado:

«Algunos niños se desmayan del dolor. Los hombres mayores tocan flautas sagradas para calmarlos y los tajos son cubiertos con aceite de árbol y arcilla blanca del río para prevenir infecciones».

Además de recibir esa cantidad de cortes y dolor, los jóvenes que buscan ser adultos deben quedarse en la casa de los espíritus, aprendiendo por varios meses las habilidades necesarias para sobrevivir en la vida de adulto, por lo que terminan obteniendo conocimientos de los espíritus para su día a día, como pescar, tallar y como mantener a una familia. Malingi explica la búsqueda de asemejarse a un cocodrilo:

«El cocodrilo es un símbolo de poder. Les tememos, pero sacamos energía de ese poder».

De hecho, la búsqueda y el honrar a los cocodrilos viene desde el mito de creación local, el cual sugiere que la gente que vive al borde del Sepik descendió directamente desde el cocodrilo y que salimos del río como humanos para poder caminar en tierra firme.

BBC Mundo

La Iglesia contra los cocodrilos

Los poblados a los costados del río Sepik están llenos de creencias y mitos, partiendo por el de la escarificación. El cocodrilo es venerado aún en este tiempo, y las creencias sobre estos mitos siguen siendo muy fuertes en la región, en especial en los habitantes de que hablan lenguas Iatmul, uno de los más de 832 grupos de idiomas que existen actualmente en Papúa Nueva Guinea.

Gracias al poco contacto con el exterior, las aldeas siguen manteniendo muchas de sus antiguas creencias. Pero no en todos lados, algunos de los poblados al borde del Sepik han desterrado esa practica de su día a día. En Kaminimbit, que queda a medio día en barco desde Parambei, ya erradicaron la escarificación, según dicen sus habitantes, gracias a la influencia de la Iglesia cristiana.

Gracias a los alemanes colonizadores del lugar, desde 1885 la región de Sepik comenzó a evangelizarse de a poco y con esto, perdiendo viejas costumbres. Los pueblos que han perdido estas costumbres ahora usan las Haus Tambaran como una suerte de club social para que los hombres pasen su tiempo, ya que ahora el lugar para realizar eventos espirituales es la iglesia.

BBC Mundo

Simon Kemaken, un profesor de escuela primaria del sector, dice que la costumbre está desapareciendo gracias a que los misioneros se oponían a la practica.

«Todavía tenemos una ceremonia cada pocos años para reverenciar al cocodrilo, pero en estos días pocos niños locales están siendo cortados».

Pero hay excepciones, por ejemplo, el ya mencionado poblado de Parambei, donde la iglesia sigue teniendo un importante rol. Allí, la escarificación sigue siendo casi una necesidad para todos los hombres de la aldea. Malingi, al ser consultado como tienen iglesia y aún así siguen con estas practicas, expresa:

«El espíritu siempre ha sido fuerte en nuestra aldea. Pero los misioneros han influido en nuestras prácticas».

Malingi se refiere a otra práctica, que antes era común en estas zonas: cortar cabezas. La idea era cortar cabezas, sacarles la carne, mezclarla con carne de cerdo y perro para hacer un plato de comida que también se les daba a los niños para hacerlos fuertes. Obviamente la iglesia prefirió retirar esa práctica antes que los cortes en la piel.

Los cortes de cabeza se mantuvieron como folklore del pueblo hasta bien entrado el año 1943. Mientras que la escarificación continua. De hecho, en la aldea el próximo noviembre se llevará a cabo el próximo culto al cocodrilo. Así lo indica Malingi:

«Es importante que continuemos esto en Parambei. Nos da un sentido de vida. Después de que los hombres han sufrido el dolor de los cortes están preparados para cualquier cosa en la vida«.

Puede interesarte