Por Camila Cáceres
11 abril, 2017

“La soledad a mí no me afecta. Lo que me afecta es lo que va a pasar conmigo después”.

Ximena Gazmuri fue por años profesora de francés y traductora. Hija de un pintor y una pianista israelí, jamás echó raíces en ningún lugar, ni se compró una casa. Tampoco se casó y menos pensó en tener hijos. De joven, la vida se veía larga y llena de aventuras, pero en su vejez el panorama es cada vez más aterrador.

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Tras jubilarse, descubrió que su pensión eran unos miserables $ 150 mil chilenos, el equivalente a unos 230 dólares. Con eso apenas pagaba las cuentas y sus medicamentos. Comenzó a vender sus cosas. De su colección de casi cuatro mil libros ahora sólo conserva una decena, y de sus antiguos lujos sólo quedan los recuerdos.

Finalmente ni siquiera pudo pagar el arriendo y fue echada a la calle.

El municipio local le consiguió una “mediagua”, un tipo de casucha de bajo costo que se puede instalar en casi cualquier tipo de terreno, pero que cumple muy escuetamente con las necesidades básicas de un ser humano -sobre todo de una persona mayor.

Su actual residencia ni siquiera tiene baño.

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Afectada por todas estas desavenencias, la señora Gazmuri comenzó a “juntar” perros, quienes acabaron volviéndose su única familia. Aunque actualmente sólo tiene siete, llegó a tener 19, y llegó a pasar días sin comer por tenerles a ellos alimento.

Según ella, su obsesión con los canes no es para sentirse acompañada.

“La soledad a mí no me afecta (…). Lo que me afecta es lo que va a pasar conmigo después”.

Ximena Gazmuri

La mujer teme por el futuro. Dice que cuando habla con la municipalidad, “le echan toda la culpa a los perros”. Su cuerpo ya está en lo que tilda “el camino hacia abajo”, y su mente ya no es lo que era , aunque sigue haciendo clases. Para subsistir, esta increíble mujer aún trabaja, enseñando español a unos pocos inmigrantes haitianos. Pero no gana lo suficiente como para pagar un arriendo.

Y ahora, encima, la municipalidad ha cedido su terreno para otras obras, así que su destino es aún más incierto.

Su realidad llevó a los animadores del matinal La Mañana hasta las lágrimas.

Después de décadas educando a varias generaciones, merece un descanso digno, como todos los adultos mayores que sirvieron a la sociedad la mayor parte de sus vidas.

Ahora existe una campaña para reunir fondos para la señora Gazmuri y muchas personas se han contactado con el canal para ofrecer su ayuda.

¡Ojalá por fin consiga el apoyo que necesita!

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