Por Maximiliano Díaz
23 agosto, 2018

Rapi Ananda tiene dos años, y comenzó a fumar recogiendo colillas del suelo y metiéndoselas a la boca. Era como un anciano: fumaba 40 cigarrillos al día mientras bebía café.

Con dos años, su actividad favorita era fumar y beber café. Aunque no era la única ocasión para que Rapi Ananda Pamungkas encendiera un cigarrillo. De hecho, lo hacía a lo largo del día, en pasillos, conversaciones cortadas por su incapacidad para comunicarse bien, y mientras hojeaba revistas con sus padres. Al pequeño Rapi, al que sus padres llaman Rap, le encantaba tener un cigarrillo encendido entre los labios. Ver cómo se consumía lentamente para encender otro y otro más.

Un inicio vertiginoso

Rap comenzó con el vicio este año. Apenas caminando, esperaba afuera del puesto de comida que su madre tiene en Sukabumi, Indonesia, a que ella terminara de trabajar. Mientras ella atendía a los clientes y servía platillos a una velocidad frenética, Rap tomaba las colillas sucias del piso y se las metía a la boca. Ahí, descubrió una especie de placer inusitado para un niño tan pequeño.

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El hábito escaló con rapidez. Al poco tiempo, el pequeño ya le pedía cigarrillos encendidos a los adultos. Su madre asegura que si ellos no se los daban, él se ponía agresivo e incontrolable. Ansiosa por calmarlo, la mujer de 35 años comenzó a comprar cigarrillos solo para que Rap estuviera tranquilo. Según ella, era imposible quitárselos de la boca, apenas la semana pasada, la mujer aseguraba a un medio local que: «Mi hijo suele fumar mientras bebe café y come pastel, lo ha estado haciendo por casi dos meses. Si no le doy un cigarrillo, se pone muy agresivo».

La noticia pronto se hizo viral y llegó a medios de todo el país. Así, los doctores se enteraron de este muchacho que apenas comprendía el mundo, pero que no podía estar sin un cigarrillo en la boca y otro sobre su oreja. Un equipo de doctores y oficiales del Gobierno llegaron hasta la casa del menor la semana pasada, allá, revisaron a Rap y se dieron cuenta de que aún había tiempo para rehabilitarlo, a pesar de los intensos males del tabaquismo infantil.

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En busca de un tratamiento rápido

El equipo le dio a la familia de Rapi una enorme cantidad de cajas con bizcochos, y fórmula de leche instantánea que, según calcularon, le alcanzará al menor para todo un año, en la búsqueda de que pueda superar su breve pero intensa adicción. Su madre también fue minuciosamente instruida sobre los verdaderos males del tabaquismo, y se le exigió que siempre que su hijo pidiera un cigarrillo, ella le mostrara láminas con imágenes bastante gráficas sobre lo que le podría pasar a él si continúa fumando. Además, le regalaron una enorme cantidad de juguetes a Rap, esperan que esto pueda mantenerlo ocupado mientras buscan algún deporte en el que el pequeño pueda inscribirse a tan corta edad, para comenzar a despejar sus vías respiratorias y comenzar a ejercitar la respiración.

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El 20 de agosto, la madre de Rap aseguraba, feliz, que su hijo «no ha fumado en dos días. En un principio estaba temerosa por no permitirle fumar. Esta mañana fui al mercado, y Rapi no hizo un escándalo para pedirme cigarrillos y café. Durante dos días, él no me ha pedido nada de eso, sigue mirando los cigarrillos del piso, pero no los recoge».

Ese mismo día, Maman Surahman, la cabecilla del Centro de Salud Pública de Cibadak, aseguró que ellos, como equipo, eran responsables de la nutrición y la mejora del menor. Declaró que desde que comenzaron su tratamiento, su condición ha mejorado bastante, y que la adicción ya se ha ido; recalcó en lo importante que es educar a los padres sobre este aspecto, y profundizó en lo necesaria que es la cultura del miedo para que los menores dejen de fumar: «Cuando los niños piden cigarrillos, deben mostrarles imágenes que los asusten, esto atemorizará a los niños: imágenes de esqueletos, gargantas perforadas, cosas así. Con esto, los chicos dejarán gradualmente el cigarrillo».

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Un problema que supera a los virales

Hace varios años, el mundo se retorcía de la risa y se le caía la cara de la impresión viendo a otro niño que fumaba 40 cigarrillos al día. Según el mito popular (nunca se puede confiar demasiado en los contenidos de fuente dudosa), incluso se hablaba de que el Gobierno le había propuesto al padre del niño pagarle un tratamiento para que lo dejara. Poco se supo de él además de esta anécdota que, por cierto, muchos medios internacionales transmitieron.

Sin embargo, el tabaquismo infantil es un problema serio en los países más pobres, donde la escala de necesidades ha cambiado: según la OMS, los países en los que los ciudadanos se ven apretados por la falta de acceso al agua potable, la sobrepoblación, la pobreza o las enfermedades infecciosas, el tabaco suele ser visto como una amenaza menor, pero hay casi 1.250 millones de fumadores en todo el mundo y, según las cifras de la Organización, se cree que cada día empiezan a fumar entre 82.000 y 99.000 jóvenes. Un porcentaje importante de ellos tiene menos de 10 años.

Actualmente, hay un montón de organizaciones preocupadas de disminuir la alta tasa de mortandad infantil relacionada al consumo de tabaco. Es importante mirar el entorno en el que crecen los niños, y ver si este es sano (de acuerdo al mismo reporte de la OMS, en algunos países de África se reparten cigarrillos de manera gratuita entre niños y jóvenes). De acuerdo a todas las organizaciones no gubernamentales preocupadas por los derechos humanos, la crisis del cigarrillo significa un desastre de salud pública mundial.

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