Por Maximiliano Díaz
11 junio, 2018

Mañana se reunirán los dos hombres más poderosos y volubles del mundo. Te contamos qué buscan, y qué podría pasar si todo sale mal.

Sus diferencias de pensamiento los convirtieron en opuestos diametrales: todos sabemos que, si existen los enemigos como los hemos visto en el cine, lo más cercano que tiene el mundo es la enorme rivalidad entre Donald Trump y Kim Jong-un. El primero lleva sobre sus hombros la presidencia del país más poderoso del mundo; el segundo, carga con la larga tradición familiar de ser el Líder Supremo de una de las dictaduras más potentes del planeta.

Más de alguna vez han hablado mal del otro en público. Se sabe que sus diferencias ideológicas (y en las que se fundan sus figuras públicas) jamás podrían estar más alejadas: Trump es un neoliberal, conservador y antiinmigración, un devoto de la familia norteamericana que cree en el libre mercado y la meritocracia; Kim, en cambio, es un dictador chapado a la antigua: con una filosofía que lo posiciona en su sociedad como una suerte de ser divino, con un modelo comunista y con centros de reeducación para aquellos que falten el respeto a su régimen, su poderío militar hace que cualquier país del mundo tiemble cuando levanta las amenazas belicistas. 

Un encuentro entre ellos dos, hasta hace poco, parecía inverosímil, pero en abril de este año, el líder norcoreano pisaba la frontera las dos Coreas para abrazar a Moon Jae-in, el presidente del país del sur. Con el abrazo, parecían venir algunas promesas importantes: ambos firmaban por la paz entre sus países. Buscaban poner fin a una guerra que, en teoría, aún se sigue manteniendo. Prometieron limpiar la península de armas nucleares y acabar con las amenazas. Los líderes coreanos hablaban en buenos términos por primera vez y, de una manera bastante extraña, Kim Jong-un pasaba a convertirse en un símbolo de la sensatez y la diplomacia.

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Pero, según dicen los medios internacionales, una reunión con Trump representa una ocasión aún más grande. De partida, es primera vez en la historia del régimen que un líder norcoreano se reúne con un presidente estadounidense. A pesar de que hubieron negociaciones y acuerdos en otro tiempo, ambos mandatarios jamás estuvieron juntos en un mismo lugar.

Cada líder persigue un objetivo

Finalmente, después de insultos, acuerdos sin cumplir y reuniones que jamás llegaron a concretarse, ambos decidieron sentarse a la misma mesa en Singapur, una ciudad-estado que tiene muy buenas relaciones diplomáticas tanto con Estados Unidos como con Corea del Norte, uno de los países más prósperos del sudeste asiático, y ambos mandatarios lo consideraron un espacio neutral, estable y muy seguro. 

Ambos se verán las caras en el lujoso Hotel Capella, el complejo turístico favorito de las celebridades cuando estas viajan a Singapur. Allá, entre las lujosas paredes del Capella, el estadounidense alzará la voz frente al Líder Supremo buscando un gran objetivo: que Kim Jong-un se deshaga de sus armas nucleares de forma definitiva e inmediata. Trump asegura que él no está dispuesto a negociar que los gloriosos Estados Unidos deban eliminar también sus planes armamentistas. Él, dice, no está dispuesto a echar ni una sola pistola al tacho de la basura. 

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A pesar de que, en un principio, Trump fue enfático en decir que Corea debía eliminar de inmediato todas sus armas de la faz de la tierra, ha ido moderando el discurso muy de a poco. En una entrevista con Fox News, Trump dijo que, a pesar de que espera que la desnuclearización sea inmediata, también sabe que eso podría llegar a ser un proceso más lento y transitorio, y no tiene problemas particulares con eso. De hecho, según los especialistas en el área, la desnuclearización de la zona podría llegar a tomar años, pero si el Líder Supremo accede, ese hecho pasaría a la historia como la primera negociación presencial, fructífera y con resultados reales en el tiempo para los Estados Unidos. Un completo éxito para la política internacional.

A pesar de que Donald J. Trump ha sido más que enfático al momento de referirse al plan de armas, lo cierto es que muchos sospechan que también tenga otros objetivos en su carta de solicitudes al país asiático. Sin embargo, no ha hablado abiertamente sobre esos temas. Según David Kang, el director del Instituto de Estudios Coreanos de la Universidad del Sur de California:

“Ojalá supiéramos lo que quiere conseguir Trump. En cierto modo, lo que está haciendo es redefiniendo el éxito a lo que él quiere.”

Centro James Martin de No Proliferación / NTI / BBC

“Irónicamente, el sentido común nos dice que Corea del Norte es quien quiere reconocimiento y que ve el encuentro como un premio; pero en cierto modo, Trump también está feliz de tener esa reunión simplemente para demostrar al mundo que él puede hacer algo que otros no pudieron en el pasado”.

Kang apunta a algo importante: suena bastante verosímil que un mandatario de la talla de Trump solo busque pasar a la historia con una reunión de este tipo. Sobre todo considerando que los objetivos de Kim Jong-un son el total opuesto a los de Trump. Ambos tiran de la misma cuerda. Según Sue Mi Terry, una ex analista de asuntos coreanos de la CIA, y consejera de los gobiernos de Bush y Obama, Kim busca ser aceptado como una potencia nuclear:

“Quiere respeto. Tras llevar a cabo un programa de armas nucleares durante siete años que ahora que dice que lo ha completado, no le importa sentarse con Washington como un igual y hablar del control de armas”.

El líder norcoreano, por supuesto, no ha dado entrevistas a medios. Una de sus grandes diferencias con el estadounidense es su nivel de relación con la prensa tanto nacional como internacional. En la completa posición de poder que ostenta al interior de su nación, sus deseos solo se convierten en órdenes sin apelar al consejo de la voz ciudadana. De acuerdo a las declaraciones de Michael Madden, especialista en el liderazgo norcoreano, Kim también buscará seguridad internacional para Corea del Norte: más relaciones diplomáticas con los estadounidenses, nuevas negociaciones para su tratado de paz con el Sur, una apertura exterior, y la tan ansiada mejoría económica para su empobrecido país. Por fin, la prosperidad.

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Un pronóstico un poco más real

Todos lo sabemos: ambos son poderosos, volubles, y lidian muy mal con la frustración y con los deseos ajenos. Sin embargo, según la mayoría de los analistas internacionales, es muy difícil saber qué pasará en Singapur. De hecho, muchos de ellos creen que ese no será un día de grandes anuncios, sino que apenas abrirá las puertas para una comunicación diplomática. Un evento histórico que crea un nuevo camino en esta clase de relaciones internacionales. Según Sue Mi Terry:

“¿Creo que llevará al desmantelamiento total y verificable del programa armamentístico nuclear de Corea del Norte? No. ¿Tendremos algún tipo de acuerdo sobre algunos aspectos de su programa nuclear? Seguro”.

Madden, por otro lado, también asegura que lo mejor que se puede hacer para esperar obtener algo de información, es esperar lo que dicen las vías oficiales, tal y como sucedió con la reunión entre Kim y Moon Jae-in hace dos meses:

“Debemos esperar un comunicado conjunto parecido a la declaración del Panmunjon”.

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Los riesgos son inciertos

En algún momento, Trump aseguró que abandonaría la reunión si esta no iba bien (sabemos que, para Trump, que algo no vaya bien es simplemente que no vaya como él lo espera). Y también sabemos qué clase de reacción podría llegar a tener el líder norcoreano si es que se enfrenta a una falta de respeto de esa categoría. Pero Kang llama a mantener la calma frente a un pronóstico así. Ya que ambos se habrán preparado con un gran grupo de asesores para poder enfrentarse a la situación, y las probabilidades de que empeore son muy bajas, sobre todo si consideramos que Corea del Norte ha hecho avances que eran impensados y de los que no había registro hasta hace apenas seis meses. Según el director del Instituto de Asuntos Coreanos:

“Si hubiera dicho entonces que Corea del Norte pararía de forma voluntaria sus pruebas de misiles y sus pruebas nucleares, y que incluso desmantelaría los dos enclaves donde hacía esas pruebas: que se mostraría dispuesta a la desnuclearización en sus términos y si el acuerdo es bueno; que acudiría a los Juegos Olímpicos (celebrados en Corea del Sur); que hablaría de abrirse al mundo… ¡la gente se hubiera reído de mí por ser un ingenuo! Y eso es lo que ha hecho: son grandes concesiones. Así que si va mal, volveremos a una situación diferente a la de antes”.

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Ahora, solo queda esperar. Mañana presenciaremos un momento histórico y, aunque un poco aburrido en un pronóstico inmediato, es un hecho que será el pie a un largo cambio en la política como la conocemos.

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