Por Monserrat Fuentes
16 abril, 2018

Un desesperado padre se encontró cara a cara con el sujeto que le arrebató la vida a su pequeña niña.

Perder a un ser querido o a un familiar provoca gran un dolor y mucha pena, pero perder a un hijo es terrible, tanto que no se puede expresar con palabras.  Y ese dolor aumenta mucho más cuando la causa de la muerte es horrible y muy poco humana.

El caso de la pequeña Ana Isabel conmovió a España en 1985, el 24 de mayo para ser exactos, en aquel entonces Ana Isabel Fernández Sánchez de cuatro años desapareció de su hogar y nunca más pudo volver.

Dos días después, su cuerpo fue encontrado sin vida dentro de un pozo en la localidad de Huétor Santillán a pocos kilómetros de la capital de Andalucía, Granada. El mismo día del hallazgo, la Guardia Civil ya tenía al culpable, quien no tuvo más remedio que confesar su crimen, explica El País.

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En esa oportunidad el homicida fue sentenciado a 40 años de cárcel, 28 por asesinato, 9 por violación y 3 por abusos. Confesó que la niña logró escurrirse y huir de la violación, pero que por miedo a que le contara a alguien lo sucedido optó por asesinarla, la arrojó de cabeza al pozo de 3 metros de fondo y 70 centímetros de largo para que muriera por inmersión.

Casi 33 años después, Enrique Sánchez, perpetrador y primo de la madre de Anabel y Juan José Fernández, padre de la pequeña, se toparon por las calles de Granada. Era medio día y sin importarle lo concurrida de la calle o la vigilancia policía, Fernández se abalanzó sobre el asesino de su hija y lo atacó con un cuchillo.

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El carnicero de profesión utilizó toda su experiencia para intentar matar al asesino de su hija, pero quizás fue la edad o la rápida intervención de la policía la que no le dejó llevar a cabo su cometido.

Cuando ocurrió el asesinato, Juan José Fernández tenía 37 y el perpetrador tenía 21 años. Ahora tienen 70 y 54 años respectivamente, 33 años no han sido suficientes para cerrar la herida.

La policía intervino mientras el anciano le decía al hombre más joven “te voy a matar”, en ese momento nadie supo el pasado que los unía y Sánchez solo se molestó en decir que Fernández intentó asaltarlo.

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De los 40 años a los que fue sentenciado, solo estuvo la mitad tras las rejas, según el diario Ideal, fue liberado después de un poco más de 20 años, por lo que no cumplió completamente su castigo.

El agredido fue trasladado hasta un hospital cercano y el agresor fue puesto a disposición de la policía y puesto en libertad con cargos. Es muy poco probable que ambos se vuelvan a encontrar, pero de hacerlo, será ante un juez y con los roles cambiados.

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