Por Andrés Cortés
5 abril, 2018

“¿Debería comerla?” fueron sus últimas y trágicas palabras.

Hace algún tiempo hablamos de cómo un joven quedó parapléjico luego de realizar un absurdo reto que le pidieron sus amigos: comer una babosa. Desde aquel día que cambió su vida por completo, ha pasado bastante tiempo y así es como vive hoy, de ser un jugador de rugby en Sydney, Australia, a ser una persona parapléjica.

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El año 2010 Sam Ballard tenía 19 años y asistió a una fiesta con sus compañeros de rugby como cualquier otra. Luego de unas cuantas cervezas y otras bebidas a sus amigos no se le ocurrió mejor idea que retarlo a comerse una babosa.

El joven, en un estado de borrachera (al igual que sus amigos) encontró una que se acercaba a él y antes de ponerla en su boca preguntó: “¿debería hacerlo?”. Él ni sus amigos fueron capaces de imaginar que estas serían sus últimas palabras.

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Luego de realizar esta hazaña no ocurrió nada. Solo muchas risas y aplausos por cumplir este asqueroso reto. Días más tarde Sam Ballard se comenzó a sentir mal y se enfermó.

El diagnóstico de los médicos que no analizaron fueron tajantes: infección con lungworm de rata.

En otras palabras, parásitos de un roedor. Si bien este gusano se encuentra en ratas, es posible que los caracoles y babosas puedan infectarse de él cuando comen excrementos de roedores. Y así fue el caso.

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Los síntomas que provoca este gusano son variados y muchos involucran la posibilidad de una muerte: desde que infecten el cerebro hasta que alcancen los pulmones, explica el sitio de Salud del gobierno australiano.

El síntoma que experimentó Sam fue uno de los más raros que esta infección podría provocar: meningoencefalitis eosinofílica, cayendo en coma por 420 días. Sam solo pudo salir del hospital en silla de ruedas 3 años después de que enfermó.

Hoy el Sr. Ballard tiene 28 años, es alimentado por sonda, sufre convulsiones y lucha para poder controlar la temperatura de su cuerpo.

Newspix Australia – Newscorp

Michael Sheasby habló con el medio The Project y contó que se quedó “sin palabras” luego de ver el estado en que se encontraba Sam en el hospital.

Cuando entré estaba muy demacrado. Había cables por todas partes. Fue una gran sorpresa”.

-Michael Sheasby

Sheasby y Jimmy Galvin, otro de los amigos de Sam, se reúnen con él cada cierto tiempo, a pesar de los 9 años que han pasado.

Nos gusta sentarnos, mirar el futbol… Trato de mantenerlo afable y divertido y hacer tantas cosas como solíamos hacer.

En realidad a veces me hace reír. Nos tomamos una cerveza y cuando su madre sale de la habitación, intenta estirar la mano y los labios. A veces le ponemos un poco en los labios”.

-Galvin.

Ten

Aquí podemos ver alguno de los relatos que tienen sus más cercanos a Sam y de su Doctor.


Es difícil imaginar las terribles consecuencias que podría tener un reto tan ridículo como “comer una babosa”. Katie, la madre de Sam es honesta al decir que no culpa a sus amigos por impulsar a su hijo a esta idea, “y tampoco a Sam por tomarlos en serio“.

De seguro el conocimiento sobre esta infección no es de conocimiento público, pero quizá compartiendo esta historia todos aprendamos más sobre algunos retos que, por muy inocentes e infantiles que parezcan, pueden ser letales.

Ten

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