Por Catalina Yob
6 Julio, 2017

A pesar de haberse operado nuevamente para corregir las consecuencias, los implantes volvieron a cambiar drásticamente de posición, dejando a la mujer de 25 años completamente desesperanzada.

En busca del escote perfecto, Katy Jones de 25 años se sometió a una cirugía plástica, cuyo precio superó los 6 mil dólares. En las consultas previas a la operación, la joven decidió que la copa “D” sería la más satisfactoria según sus pretensiones. Todo salió de acuerdo a los planes médicos, sin embargo en los días posteriores a la intervención, Jones comenzó a sentir severos dolores en el área de su pecho.

Al cabo de unos meses, la apariencia de los implantes se había destruido completamente, aludiendo a que éstos se habían literalmente soltado en el interior de su cuerpo. Al agacharse, Jones podía ver claramente la forma cuadrada que tenían sus pechos, lo cual hasta el día de hoy la mantiene avergonzada.

Mercury Press
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Los resultados de la cirugía fueron tan fatales que incluso la clínica en la que se realizó la intervención reconoció el error y le ofreció un procedimiento correctivo luego de tres años. Sin embargo y contra todo diagnóstico médico, los implantes volvieron a voltearse entregándole una apariencia anti estética.

Jones asegura que sus pechos lucen como los de una mujer de 70 años y cataloga la operación como la peor decisión de su vida. A raíz de ésta, la intimidad con su esposo es prácticamente inexistente debido a la vergüenza que siente cada vez que se quita la ropa.

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“No puedo tener intimidad con mi marida porque soy demasiado consciente sobre el problema de mis implantes. Me afecta demasiado”.

“Tengo que usar un sujetador de alta resistencia las 24 horas de los 7 días de la semana. Siento que cada día debo afrontar los errores de mis decisiones”.

Una nueva cirugía es una de las únicas opciones que podría modificar el severo problema con el que Jones debe lidiar diariamente. Sin embargo la madre de dos no cuenta con el dinero suficiente para costear otra cirugía plástica, por lo que la misma institución que la operó inicialmente está debatiendo sobre si la operan nuevamente. 

Jones teme que las consecuencias de la primera y la segunda cirugía puedan reaparecer en la tercera. Su miedo se ha ido incrementado a medida que pasan los años y que el dolor aumenta, lo que la ha llevado a incluso pensar en la solución de extraer los implantes de forma permanente.

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