Ella, a sus 88 años, se fue con el más bello recuerdo a su nueva vida en un hogar de ancianos.

La escena sorprendería a cualquiera. En una calle en un barrio residencial en Guthrie Road, Australia, cientos de estudiantes se tomaron el espacio para que con pancartas y gritos dirigirse a su destino. Y no, no es una manifestación por la educación ni se dirigen a la oficina de un político, sino que estos jóvenes van directo a la casa de una abuelita llamada Tinney Davidson.

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Mientras ella, tranquila, sentada en un silla en las afueras de su casa, miraba como siempre a su alrededor, buscando alguna persona a quien saludar o alguna novedad interesante que después pueda contar a su familia. Una última anécdota tenía que llevarse antes de partir al hogar para personas de tercera de edad.

Como lo había hecho siempre, desde hace 12 años cuando se mudó junto con su difunto esposo, Ken, con quien saludaban amablemente a los adolescentes que iban camino a la Highland Secondary School. Ellos por su parte, le empezaron a devolver el saludo.

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Llegó el lamentable día en que Ken murió y Tinney no dejó de realizar su amistosa tradición. Siguió saludando a los estudiantes, tal como lo hacía con su difunto esposo. Y ellos le retribuyeron su amorosa constancia, y de una manera muy especial. Ya que según CBC, en el año 2016, para el Día de San Valentín, la sorprendieron con una asamblea escolar en su honor y una decoración en su casa con corazones de papel color rojo y rosa.

Pero eso no era todo.

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A su salida, los adolescentes volvieron a sorprender a la de en ese entonces anciana de 86 años, con tarjetas de San Valentín. Ella feliz y emocionada los recibió con abrazos y besos.

Sensación de sorpresa y amorosa efusividad, que se repitió el último jueves de abril, cuando 400 estudiantes aparecieron con pancartas y gritos a las afueras de su casa. Ella emocionada los vio y ellos la miraron sonrientes. Contaron hasta tres… 1… 2… 3… y le enviaron un beso grupal. «Te quiero», le dijo un estudiante antes de marcharse.

«Me sorprendieron una vez más, hay tantos niños que quieren despedirse de mí», dijo Tinney Davidson sentada por última vez en la silla en las afueras de su casa, desde donde tantas veces saludó a sus queridos jóvenes.

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