Por Daniela Morano
5 febrero, 2019

Se casó a los 18 con la promesa de su esposo de ayudarla a educarse, pero él la decepcionó y sólo se ayudó a sí mismo.

No porque uno llegue a cierta edad debe dejar de perseguir sus sueños. Es cierto que la sociedad nos hace creer que pasada la juventud ya no existen posibilidades de triunfar o empezar de cero, pero eso es una mentira. Una nueva vida, un nuevo trabajo, es posible con las herramientas apropiadas y, por sobre todo, mucha determinación.

Felicita Naa es una mujer ghanesa de 41 años. Su sueño siempre ha sido ser oficial de salud, pero a los 18 años se enamoró de un hombre que prometió darle todo lo que quería. Le pidió matrimonio y se casó a la corta edad de 19 años, pensando que su vida estaba resuelta.

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Las cosas, como era de esperarse, no salieron como lo esperaba. Su esposo no pudo continuar ayudándola con su educación, pero sí a sí mismo. Peor aún, el hombre que ella creía que amaba comenzó a criticarla por su falta de educación. «Siempre se quejaba de eso», le dijo ella a Graphic Online.

Su vida se hacía cada vez más compleja, comenzó a cocinar pan para venderlo y así tener dinero. Su matrimonio colapsó lentamente, dejándola sin dinero y tres hijos que mantener.

Muchos ya se habrían dado por vencidos.

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Sin embargo Felicitas no estaba dispuesta a dejar todo abandonado. «Tuve que comenzar de cero. Tenía 40 años. Era momento de decidir si era demasiado tarde o si estaba dispuesta a comenzar de nuevo. Escogí la segunda».

El 2006 entró a la escuela, a tercer año, donde quedó cuando joven. Aunque en 22 años el sistema educativo había cambiado mucho, estaba dispuesta a intentarlo. Pero el problema era que nadie la aceptaba en sus escuelas.

Entonces optó por tomar el examen BECE (Basic Education Certificate Examinations) para comprobar que tenía los conocimientos de la educación básica.

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«Estaba determinada en regresar a la escuela así que no fue una decisión difícil. Tuve que cortar mi cabello, coser mis uniformes y prepararme para clases. En ese entonces mi primera hija ya había terminado la escuela».

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El 2009 Felicitas completó su educación y entró a Oguaa Senior Techinal School donde impartió un ramo de arte y luego entró como practicante al Tamale School of Hygiene, de donde se graduará este año, el 2019.

«Es una buena decisión la que tomé. Me alegra haber vuelto a la escuela. Cambió mi vida por completo. Tengo amigos que jamás habría tenido y entiendo mejor a los niños, hasta me veo más joven», comenta.

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