Por Maximiliano Díaz
7 agosto, 2018

En agosto del 2017, 16 personas murieron en Cataluña, casi todas atropelladas. Un grupo afiliado con ISIS fue el culpable. Aquí están las fotos de sus días preparándose.

El 2017, una banda criminal aterrorizó a Cataluña. No eran ladrones ordinarios. No buscaban joyas, dinero ni bienes materiales. Más bien, querían esparcir el miedo en la población. En un acto terrorista sin precedentes en la ciudad, un atropello masivo se tomó la vida de 16 personas, y dejó a más de 100 heridas. Ahora, la policía española encontró y recopiló el material de sus atacantes. Consiste principalmente en fotos. En ellas, atacantes confeccionan y ensamblan bombas que no alcanzaron a verse, dan declaraciones de fe, montan el armamento sobre cinturones y muestran su materia prima.

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Ha pasado casi un año. El 17 de agosto del 2017, cerca de las 5 de la tarde, una furgoneta recorrió más de 500 metros un paseo peatonal a altas velocidades, matando a 13 personas y dejando a cientos heridos. Luego, comenzaron las detenciones en varios puntos de la ciudad: se supo sobre una explosión el día anterior en Alcanar (a 200 kilómetros de Barcelona) y se ligó a los terroristas con ella. Había sido una casa: ¿qué pasó? ¿Quién estaba ahí dentro? Pero la pregunta no alcanzó a responderse, más rápido que tarde llegaron las amenazas de las furgonetas bomba, los prófugos, las presuntas bombas de butano y los cinturones explosivos a lo largo de Barcelona y Cambrils. La comunidad autónoma de Cataluña no sabía dónde estaba el enemigo.

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Finalmente, se enteraron de los terroristas habrían sido diez jóvenes musulmanes. Seis de ellos murieron en manos de la policía, y dos la explosión en Alcanar; otros dos están en prisión preventiva, a la espera de ser juzgados en Madrid.

Ahora, la prensa española ha divulgado las fotos que los muestran horas y días antes de conducir la furgoneta por ese paseo peatonal en Barcelona, horas antes de apuñalar a un hombre para robarle su auto y darse a la fuga, horas antes de las explosiones y de amenazar las vidas de decenas de personas.

Afiliados con el grupo terrorista islámico ISIS, se puede ver a los muchachos, en toda su gloria, levantando el índice de su dedo derecho hacia el cielo. Sonríen en las fotos. Están felices. Parece ser que, realmente, creen en su labor. Al menos eso es lo que deja ver el rostro de Youssef Aalla, cuando posa, triunfante, con su chaleco explosivo. Y que terminó muriendo en manos de sus propias herramientas en su casa en Alcanar, cuando aún continuaban preparando el ataque. Solo pudieron saber que los restos eran suyos identificando el rastro que dejó su ADN sobre los restos de la casa.

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Las fotos dejan ver una piscina blanca sobre las tablas de la casa. A pesar de que no se sabe qué polvo es exactamente, la prensa española divulgó que, probablemente, sea una sustancia explosiva comúnmente usada por el ISIS para sus atentados. Suena perfectamente lógico cuando uno piensa en las afiliaciones de esta célula terrorista con el gran grupo islámico.

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De las imágenes se puede desprender que, probablemente, los jóvenes hayan dormido, desayunado y rezado junto a los explosivos. Colchones tirados en el piso, sin sábanas y con una almohada desnuda, posan junto a las manos que tocan los cilindros explosivos.

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Pero a ellos, asumimos, no les importó estar cerca de las armas con las que planeaban matar a esa centena de personas. Con una sonrisa en el rostro y un chaleco bomba sobre su cuerpo, Younes Abouyaaqoub sonríe y se muestra lleno de fe. Finalmente, se determinó que Younes había sido el conductor de la furgoneta. El 21 de agosto Abouyaaqoub fue asesinado a tiros por la policía en el municipio de Subirats, en Barcelona. Llevaba un falso cinturón de explosivos cuando las balas le atravesaron el cuerpo.

Entre tantas bombas falsas, cualquiera se preguntaría dónde estuvieron las reales todo el tiempo, y por qué decidieron actuar con una camioneta para dar su golpe. Lo cierto, es que el grupo de jóvenes tenía todo su poder de armamento en la casa de Alcanar, y una vez que los explosivos se salieron de control y la casa se vino abajo, dejando hechos trizas a dos miembros de la célula, todo parecía perdido: habían sido semanas de confeccionar las bombas con la dedicación de un artesano y, en su desesperación, vieron en el atropello múltiple una especie de plan B.

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Según el diario La Razón, uno de los primeros en publicar las imágenes, estas estaban en una cámara que contenía fotos y vídeos del grupo. Los investigadores que intentaban recabar más información del grupo a partir de un peritaje físico de los escombros de la casa, la habría encontrado y la habría llevado a los medios.

La Razón también hizo públicos algunos diálogos transcritos del grupo. En ellos, bromean sobre las personas a las que van a matar, y glorifican su labor, relatándola como una divina y que tiene una conexión sagrada con Alá. Se puede leer a Omar Hichamy asegurando que «Alá nos ha elegido entre millones de hombres para hacerlos llorar sangre». Omar, de 21 años, condujo un Audi A3, buscando emular en Cambrils lo que había sucedido en Barcelona, pero fue abatido a tiros por la policía. Desafortunadamente, alcanzaron a atropellar a seis personas, y una de ellas murió horas después producto de las secuelas.

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Hichamy continúa su delirio mostrando las armas que él y el grupo ostentan. Alzando un tubo, asegura: «Esto es una granada de mano improvisada, pero que hace su trabajo. Todo lo que tenemos lo he traído de mi puesto de trabajo, es decir, con su dinero [hablando de su sueldo], nos preparamos para matarlos».

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Afortunadamente, sus planes se vieron frustrados por la propia inestabilidad de los químicos. Y hoy, estas fotos significan un registro de la memoria colectiva.

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