«Si quieren algo para mirar, les daré algo», pensó.

Todo aquel que tiene un vecino cerca, sabe que a veces la convivencia se vuelve difícil. Sobre todo porque suelen abusar de nuestra confianza y debemos soportar ruidos o que incluso invadan nuestra privacidad… A menos que queramos enfrentarlos y que, evidentemente, se deteriore la relación y quieran buscar la forma de vengarse.

Eso mismo le sucedió a este hombre llamado James Penlidis, quien solía vivir tranquilo en su casa de Bentleigh en Melbourne -que no estaba rodeada de ninguna vivienda cercana- y que de repente, una monstruosa casa comenzó a construirse a su lado, según Mirror.

Facebook @James Penlidis

Claramente se molestó, sobre todo porque cuando él aseguró que no estaba dispuesto a tranzar su privacidad, la constructora le dijo que no había nada por lo que preocuparse, pues la casa vecina tendría vidrios esmerilados, que no permiten ver de forma nítida, así que podría continuar con su vida como de costumbre.

Sin embargo, a medida que la construcción finalizó y los vecinos se mudaron, el hombre descubrió que había sido todo un engaño, y que las ventanas que daban hacia su dormitorio y la sala de estar, estaban absolutamente limpias y se podía ver todo. «Me mintieron tantas personas: concejales, constructores, topógrafos. Así que pensé «si quieren algo para mirar, les daré algo». 

Facebook @James Penlidis
Facebook @James Penlidis

Y así comenzó su venganza: pasó 6 días pintando su casa y montando una bicicleta de ejercicio desnudo en su jardín a modo de protesta por invadir su privacidad. Se pareaba como Dios lo trajo al mundo mientras limpiaba sus canaletas, encendía la parrila de gas, y hacía otros trabajos a plena luz del día y frente a los nuevos residentes.

Facebook @James Penlidis
Facebook @James Penlidis

¡Además pensó que dejar la basura afuera también sería una fantástica idea!

Facebook @James Penlidis

Tras su venganza, el australiano dijo que prefirió divertirse con la situación en lugar de «explotar», y explicó que se desnudó para mostrar cuán expuestos y desprotegidos quedan los residentes cuando se enfrentan a un largo proceso de construcción. Y si bien aceptó que las ventanas de su vecino fueran legales por estar a más de 3 metros de distancia, aseguró que uno de los constructores de la vivienda le había prometido verbalmente oscurecer el vidrio de las ventanas.

Sin embargo, su protesta de 6 días pareció tener los resultados esperados, ya que finalmente pusieron los vidrios esmerilados.

Ahora James tendrá que lidiar con otras 4 casas en construcción a menos de 30 metros de la suya…

¡Al menos ya sabe como amenazarlos!

Puede interesarte