Por Camila Cáceres
5 septiembre, 2017

Murieron rescatando a otras personas.

Alonso Guillén y Tomas Carreon crecieron muy cerca de Estados Unidos. Sus casas estaban entre los cientos que siguen el curso del Río Grande, cerca de Texas, aún en México. Ambos aún eran niños cuando sus familias decidieron buscar mejor suerte al otro lado de la frontera y crecieron como cualquier otro ciudadano estadounidense— pero sin papeles. “Ilegales”, les dicen algunos, aunque una persona no puede ser ilegal, mucho menos un niño o un adolescente.

Guillén contó con la protección del DACA, Deferred Action for Childhood Arrivals o “Acción Diferida para los Llegados en la Infancia”, una medida que beneficia a los menores que llegan al país con sus familias. Carreon fue uno de esos “ilegales” hasta casarse con su novia de años, Stefany. 

Ambos son descritos por sus familias y comunidades como hombres de esfuerzo. “Su corazón estaba hecho para servir”, declaró Sonia Bermudez, prima de Tomás Carreon. 

“Impactaron a quienes los conocieron de formas que quizá nunca lleguemos a entender”.

Facebook / Tomas Carreon

El Huracán Harvey es uno de los fenómenos naturales más destructivos que han azotado Estados unidos en la última década. A pesar de que según los expertos se habría comenzado a disipar a principios de septiembre, sus estragos aún se sobreviven en diferentes puntos al sur del país, particularmente en Texas.

Lufkin, la ciudad en que vivían Guillén y Carreon, fue afectada, pero nada comparado con las noticias que llegaban de Houston.

Tomás Carreon era un mecánico que participaba activamente en su comunidad. Era el entrenador del equipo deportivo de su hijo de seis años y cuando algún auto fallaba en medio de la nada, siempre lo llamaban a él.

“O como él decía, ‘¡al rescate!’”, según su hermana, Alejandra Carreon.

Alonso Guillén había trabajado por años como voluntario en una radio local, pero desde hace algún tiempo tenía su propio espacio como DJ. Aún así, seguía ofreciendo su tiempo a causas que valieran la pena. Su hermana, Rita Guillén dijo a los medios que cuando eran pequeños su hermano siempre estaba peleando con matones.

“Alonso no podía permitir que ocurrieran injusticias. Así es como era”.

Según las familias, ese tipo de impulsiva y arriesgada generosidad era una característica que compartían.

Carreon fue el primero en unirse a un grupo de voluntarios de Lufkin que viajarían a Houston a ayudar con los rescates, pero Guillén se sumó de inmediato.

AP

El grupo se reunió en una estación de gasolina. Guillén, Carreon y otro de sus amigos, Luis Ortega, montaron un bote que Guillén había conseguido. Era pequeño, pero tenía motor y contaban con que pudiese contra las corrientes, para poder ayudar a quienes aún estaban atrapados.

Sin embargo, a la altura del 45 en la carretera interestatal el bote dio contra un puente y la corriente los arrastró violentamente. En algún punto que aún se investiga, su nave se volteó.

Luis Ortega logró aferrarse de un árbol, pero Carreon y Guillén desaparecieron en el agua.

AP

“Me dijo ‘vuelvo mañana mismo’, pero no volvió”, dijo Stefany Carreon en el funeral de su esposo.

Las familias todavía no logran hacerse a la idea de una perdida tan brusca. Encima la madre de Guillén está en Piedras Negras, México, y no puede cruzar el borde porque años atrás habría incumplido los términos de su VISA en condición de viajera.

“Mi pobre esposa no puede venir. El duelo es dos veces más difícil”, declaró el padre de Guillén.

Carreon dejó tres hijo de seis, cinco y un año que apenas pueden comprender la muerte de su padre. La semana pasada, mientras Tomas Carreon aún estaba desaparecido, su hijo mayor, con quien comparte nombre, le dijo a sus profesores que su papá estaba ayudando en Houston. 

Facebook / Alonso Guillén

Nuestros pensamientos están con sus familias.