Por Daniela Morano
16 abril, 2018

Las compañías conocían el riesgo, pero prefirieron dejarlas morir.

En 1898, Marie Curie junto a su esposo Pierre descubrieron el radio y ganaron dos premios Nobel. Pero en 1934 Curie falleció luego de años expuesta a la radiación. Y esa fue sólo la primera víctima fatal que dejaría el elemento. Desde el comienzo y hasta mediados del siglo XX, éste estaba presente en varios elementos de uso regular como la ropa, la comida, los medicamentos, los cosméticos e incluso la pasta dental.

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El radio equivalía a resplandor, signo de belleza y vitalidad, motivo por el cual se utilizaba para medicamentos y cosméticos. También era común tomar agua mezclada con mineral.

Durante la Primera Guerra Mundial, la corporación de radio de Estados Unidos abrió una fábrica en Orange, Nueva Jersey. Muchos de sus empleados eran jóvenes mujeres, quienes pintaban relojes con pintura mezclada con radio. Varias otras compañía comenzaron a hacer lo mismo.

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Para que la punta del pincel estuviese bien fina, se les indicaba que debían lamer el pincel con sus labios, lo que significaba que estaban constantemente ingiriendo radio.

En esta foto publicada en 1983 en un periódico, esta mujer perdió su brazo izquierdo debido a la contaminación: “Charlotte Purcell demuestra como los trabajadores de radio están condenados”.

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Por ejemplo, este reloj fue fabricado en 1930, su marcador aún brilla, demostrando lo poderoso que es el componente.

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Cuando las mujeres le preguntaron a sus superiores si era seguro ingerir esa pintura, les dijeron que sí. Pero la compañía sabía que no, y los peligros eran bien conocidos en ese tiempo. De hecho, los trabajadores hombres de las fábricas tenían delantales especiales y pinzas para trabajar, mientras que las mujeres no recibían ningún tipo de protección.

En 1922, Mollie Maggie, una trabajadora de estas fábricas, cayó enferma. Su cuerpo estaba literalmente deshaciéndose. En un momento su mandíbula se cayó y al poco tiempo falleció.

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El contacto con el radio destruía sus huesos, formaba enormes tumores, y las hacía literalmente brillar en la oscuridad.

La corporación negó ser la culpables, asegurando que era gente intentando quitarle dinero a la compañía. Incluso intentaron desacreditar a las mujeres, como fue el caso de Mollie, a quien acusaron de sufrir de sífilis, motivo por el que habría fallecido según ellos.

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En 1928, Sabin Von Sochocky, uno de los fundadores y el hombre que creó la pintura con radio falleció, también producto de la constante exposición a este.

Muchas mujeres demandaron a distintas compañías pero no fue hasta que Catherine Wolfe Donohue demandó a la compañía de Illinois desde su lecho de muerte en 1938, que no se establecieron leyes claras.

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Un siglo después, el radio en los huesos de sus víctimas aún brilla bajo tierra.

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