Por Maximiliano Díaz
25 mayo, 2018

La policía de Milwaukee difundió un vídeo en el que detienen y agreden a un deportista de la NBA por estar mal estacionado. ¿Desde dónde viene el problema de las agresiones a deportistas afroamericanos?

No es necesario ser un doctor en historia afroamericana para darse cuenta de que, en los Estados Unidos, esa comunidad ha sido increíblemente vulnerada y discriminada. La esclavitud, los campos de algodón, la servidumbre doméstica de los blancos. Parecía ser que, apenas en el amanecer de los años ’40, la comunidad negra lograba generar un poco de la visibilidad y el respeto que merecían. La música estaba expandiendo algo más que el ruido de sus propios instrumentos en los Estados Unidos. El siglo XIX había legado la leyenda del jazz. Y, a pesar de que músicos como Louis Ned, o Sam Thomas no habían logrado superar ese “criollismo salvaje pero talentoso” que nacía de los blancos al escuchar su música, de la mano de esa tradición llegaría una época en la que Miles Davis manejando su convertible por la autopista con una mujer blanca en el asiento del copiloto era detenido por la policía solo por el hecho de existir: si un hombre negro conducía un auto lujoso, de seguro era un delincuente o un traficante.

Miles Davis (Foto: AP)

El deporte

A pesar de que se piense mucho en el deporte como un bastión de la movilidad social, y en el mercado de los deportistas como uno que ve la calidad y capacidad física por sobre el color de piel, tristemente tampoco podríamos estar más lejos de eso.

En 1976, Michael Jordan tenía 13 años; Larry Bird 20; y Magic Johnson 17. Tres de los jugadores más importantes que conoció el baloncesto durante el siglo XX aún estaban en ciernes. Soñaban con los grandes estadios y seguramente comenzaban a coquetear en los aros en sus escuelas y universidades. De vuelta a casa, botaban el balón hasta que el sol se ponía.

Ese mismo año, la American Basketball Association (ABA), y su liga rival, la National Basketball Association (NBA) se unirían para formar la liga que hoy todos disfrutamos. A partir de esa fusión los jugadores de la ABA finalmente tuvieron toda la difusión y el reconocimiento que merecían. Jugadores como Julius Erving, George Gervin, Moses Malone, y David Thompson botaban por primera vez una pelota naranja sobre el parqué (en la ABA jugaban con un balón blanco, azul y rojo) y dejaban boquiabiertos a los espectadores que jamás habían visto a una estrella negra con esas condiciones en la cancha.

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Pero, la verdad, eso no generó nada bueno para los jugadores. La gente dejó de ir a ver los juegos. Se quedaban en casa, y las transmisiones televisivas tenían un rating increíblemente bajo (los partidos no se transmitían en vivo, se grababan y los daban en la televisión durante las noches). Se hablaba, en ese entonces, de una cultura de excesos y racismo que estaba muy por sobre lo que los deportistas podían ofrecer a una industria. Wilt Chamberlain decía haberse acostado con 20.000 mujeres, Darryl Dawkins rompía tableros y aseguraba venir de otro planeta, y un reportaje de Los Angeles Times estimaba que más de un 75% de los jugadores de la liga consumía cocaína (sin mencionar a los devotos de la marihuana y la heroína).

Erving bajo el aro (Foto: ABA)

Cosas como estas hacían sentir a los blancos que los asuntos de discriminación racial no tenían porqué ser discretos. Los fanáticos no se sentían para nada representados por un Marvin Barnes que, en una ocasión, perdió el vuelo para un juego, así que rentó un avión privado y llegó al estadio 10 minutos antes del pitazo inicial. Una mujer tomaba cada uno de sus brazos. En la mano, llevaba una bolsa de McDonald’s, y sobre su uniforme, un ostentoso abrigo de visón. Eso, a fin de cuentas, los hacía sentirse con la potestad de gritarle a sus propios jugadores los insultos más terribles a partir de su color de piel.

Barnes en su primer juego en la NBA (Foto: Larry C. Morris/The New York Times)

A modo de dato curioso, ese mismo día, Barnes fue castigado pasando todo el primer cuarto en la banca. Cuando entró a la cancha para el segundo, con sus calcetas hasta las rodillas y unas Converse blancas en los pies, arrasó en ambos tableros: para el pitazo final, se había echado a las manos 43 puntos y 19 rebotes.

Una pistola eléctrica en el 2018

Uno pensaría que, afortunadamente, vivimos en una época en la que esas cosas han acabado. Que la sana rivalidad entre Larry Bird y Magic Johnson había hecho que la piel no fuese más importante que la capacidad del triple o el rebote. Es cosa de verlos a ellos dos hoy en día, viejos, reírse mirando sus fotos juntos en la selección estadounidense. Y que las canchas se habrían vuelto aún más democráticas cuando Jordan se coronaba como el rey del baloncesto clavando el balón desde la línea de tiro libre en el concurso de 1988.

Un final feliz para el baloncesto. Sí, con algunos tropiezos preocupantes, como cuando se viralizaron las grabaciones de Donald Sterling, dueño de Los Ángeles Clippers hasta el 2014, emitiendo comentarios profundamente racistas. Pero afortunadamente, pensábamos que se podía actuar bien, y muy rápido. En su caso, fue multado con 2,5 millones de dólares; obligado a vender el equipo, y se le prohibió el acceso a eventos deportivos de esta categoría.

Donald Sterling y su pareja (Foto: AP)

Sin embargo, hace apenas un par de días, la Policía de Milwaukee hacía público el vídeo de la detención de Sterling Brown, un jugador de los Bucks, el equipo local de la NBA.

Los hechos habrían tenido lugar el pasado 26 de enero. Esa noche, pasando por fuera de una farmacia, uno de los policías cayó en la cuenta de que había un vehículo mal estacionado: utilizaba dos espacios para discapacitados. Al revisar el auto, vio que era de Brown, la joven estrella afroamericana de 23 años.

AP

La conversación comienza como debería: con una advertencia sobre la infracción que el basquetbolista recibirá por no respetar las leyes de tránsito. Este, notablemente incómodo, pero dispuesto a cooperar, se confunde cuando el policía comienza a pedir refuerzos. Entonces, las cosas se salen de control, y un grupo de cuatro funcionarios se abalanza sobre Brown. Uno de ellos acciona una pistola eléctrica, y el hombre termina esposado.

Según Brown, planea interponer una demanda por la vulneración de sus derechos civiles. En un comunicado tras la publicación del vídeo, aseguró que lo que le pasó estuvo mal, y que desearía que esas cosas no le ocurrieran a nadie:

“Lo que debió haber sido una simple multa de estacionamiento, se convirtió en un intento de intimidación policial, seguido por el uso ilegal de la fuerza”.

AP

El deportista también aseguró que situaciones igual y peores que esas ocurren cada día en la comunidad afroamericana estadounidense:

“[Son hechos que] tienen como común denominador el racismo, el abuso de poder y la no rendición de cuentas de los agentes involucrados”.

Desde los Bucks, también tildaron el suceso como “inexcusable“, y la policía debió emitir una disculpa pública por el incidente en el que Brown se vio involucrado. Incluso el alcalde aseguró sentirse ofendido por las imágenes que vio. Según él, Brown merece una disculpa, y siente mucho que la policía lo haya tratado de esa manera.

Muchas veces, al ver sucesos de esta naturaleza pensamos que nos enfrentamos a problemas antiguos y resueltos. Pero no, hay pieles que siguen siendo miradas con sospecha. Y es un trabajo de cada día el que no siga siendo así.

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