Por Catalina Yob
16 abril, 2018

“Vi tantas cosas explícitas cuando era más joven que me era muy difícil sentirme excitado con las situaciones de la vida real”, dijo el joven afectado.

“Tenía 16 años cuando noté por primera vez que mi pene no se mantenía firme cuando me masturbaba. Después dejé de tener erecciones matutinas. Ese fue el primer signo real de que algo estaba mal. Durante los siguientes 12 meses las cosas fueron empeorando progresivamente”. Así comienza el relato de quien reveló que comenzó a padecer disfunción eréctil cuando su pubertad recién empezaba a manifestarse en su cuerpo.

A medida que transcurría el tiempo, el joven, quien decidió no revelar su identidad, vislumbró que se trataba del inicio de un problema mucho más grave. Mientras sus amigos alardeaban de su vida sexual, él luchaba contra una anticipada disfunción eréctil que estaba destruyendo su vida. 

“La masturbación y las relaciones sexuales se volvieron cada vez más difíciles. En el momento en que dejaba de estimularme, el pene se ponía blando. Estoy seguro de que mi novia en esa época notó que algo no estaba bien pero era una situación incómoda para hablar con ella. Sentí que no tenía nadie con quien hablar de esto. Crecí sin un padre y me sentía muy avergonzado como para contárselo a mis amigos de la escuela. Me habrían humillado. Y lo que hice fue alardear de mi vida sexual como lo hacían todos los demás”.

El estigma asociado a esta enfermedad, la cual se manifiesta en uno de cada cuatro pacientes aproximadamente, le otorgaba una carga aún más pesada que llevar. Debido a que no tenía nadie con quien hablar sobre algo que habitualmente padecen los hombres de edad avanzada, este joven comenzó a ahogarse en su propio problema hasta llegar al punto de pensar en el suicidio.

La disfunción eréctil suele estar erróneamente asociado a la virilidad y masculinidad de un hombre, por lo que aceptar que padecía de esto era sepultarse en su propia tumba. Visitar a un médico lo dejó aún más aturdido, ya que la respuesta fue que se estaba masturbando demasiado. “Busca a una chica”, fue el método recomendado por el profesional. 

Rebecca Hendin
QZ

“Me era muy difícil sentirme excitado con las situaciones de la vida real”

Como la mayoría de los adolescentes, su despertar sexual se produjo en compañía de una película pornográfica. El inimaginable espectro de imágenes que pueden ser halladas en un sitio web para adultos genera que la excitación se vea directamente asociada a escenas complicadas, posiciones acrobáticas, tríos y orgías sexuales, situaciones que no forman parte de la vida cotidiana de una pareja. La mente comienza a acostumbrarse a este tipo de sexo, lo que desencadena que la intimidad con un ser humano de carne y hueso no provoque excitación y/o placer sexual. 

“Vi tantas cosas explícitas cuando era más joven -en ocasiones varias veces al día- que me era muy difícil sentirme excitado con las situaciones de la vida real. La pornografía tuvo un papel en esto”.

La imposibilidad de hablar con alguien lo condujo a encontrar soluciones online. Allí descubrió la multimillonaria industria de los fármacos que permiten apalear las consecuencias de la disfunción eréctil. El Viagra se convirtió en su compañero de aventuras día tras día. El miedo a hablar de su problema con su pareja, generó que se convirtiera adicto a los efectos de la famosa pastilla.

“En secreto comencé a ordenar Viagra de India. Me escabullía al baño para tomar la píldora antes de tener sexo. Después le hacía sexo oral a mi novia por unos 20 minutos hasta que estaba suficientemente duro para la penetración. La mayoría de los jóvenes llevan condones en sus billeteras, yo llevaba Viagra en la mía”.

Rebecca Hendin

Escabullirse e inventar excusas eran parte de la rutina cuando su pareja exteriorizaba intenciones de tener sexo. Cuando las píldoras surtían efecto en su cuerpo, la ansiedad provocada por el temor a perder la erección lo sacaban de foco, lo que lo hizo abandonar la meta de tener placer. 

Después de unos años empecé a pensar en el suicidio. Se me hacía muy difícil tomar en serio las relaciones románticas. ¿Cómo podían durar cuando mi pene no funcionaba apropiadamente? Sentía que nunca iba a ser capaz de encontrar el amor y comenzar una familia si no podía tener erecciones. Lloraba en las noches preocupado por mi pene. Comencé a tomar drogas. Pensaba que mi cuerpo estaba de cualquier forma hecho un desastre así que no me importaba seguirlo dañando”.

Decidir hablarlo con alguien condujo incluso a peores situaciones. La crisis en la que estaba sumido lo hizo contarle todo a su madre, quien pese a mostrarse sorprendido, lo apoyó y buscó ayuda con otro médico. Las inyecciones se volvieron parte de su vida, además de ser extremadamente dolorosas, éstas no conllevaban a los resultados esperados. 

“Me hicieron varias pruebas y eventualmente me diagnosticaron un derrame venoso. Esto básicamente significa que la sangre no circula apropiadamente alrededor del pene, pero existen desacuerdos sobre sus causas y cuán prevalente es. Puede ser provocado por una enfermedad vascular, lesión sexual o masturbación excesiva que daña el tejido del pene. Esto a su vez puede causar depresión y ansiedad”.

“Parecía que no iba a ver una solución de largo plazo para mis asuntos de erección. Traté un nuevo fármaco y éste funcionaba por algunos meses. Pero después volvía a preocuparme y mis erección volvía a desaparecer”.

“Les dije que ahora me llamaba ‘hombre robot'”

Thunder’s Place

De forma simultánea a las decenas de exámenes a los que estaba siendo sometido, él comenzó a hablar de su problema con sus amigos, su madre e incluso su novia actual, a quien conoció hace tres meses cuando tenía 25 años. Fue allí en donde entendió que su problema se convirtió en algo irremediable debido a que decidió afrontarlo en soledad.

Hoy y a raíz de la recomendación del último médico al que acudió, el joven de 25 años convive junto a un implante de pene, el cual le permite controlar sus erecciones a través de dos tubos de plástico que inflan las arterias de su miembro para endurecerlo. 

“Funciona con una bomba escondida en mi escroto. Antes de tener sexo la aprieto unas 10 veces y me infla las arterias en el pene para endurecerlo. La erección dura hasta que libero el botón. Y puedo eyacular de forma normal”.

Pese a la extrema medida en la que incurrió para darle una solución a su problema, el joven revela vivir su sexualidad de manera normal y al igual que cualquier otro hombre de su edad, sin embargo teme sentirse arrepentido cuando sea más adulto o cuando inventen un método que inhiba la disfunción eréctil.

“Mi actual novia, a quien conocí tres meses después de la operación del implante, conoce toda la situación. Se la expliqué bromeando diciéndole que había pasado de automático a manual. Ella ha entendido todo y esto me hace pensar que si la hubiera conocido antes no hubiera pasado por lo que pasé ya que no habría tenido tanta ansiedad por este problema”.

“Mis amigos cercanos me han dado mucho apoyo. Esto me sorprendió mucho. Durante años me imaginé que se burlarían de mi pero en realidad al enterarse se entristecieron porque no se los conté antes. Les dije que ahora me llamaba ‘hombre robot'”.

“Poder disfrutar del sexo sin preocuparme de perder la erección ha sido extraordinario. Pero a veces me pregunto si ponerme un implante fue la decisión correcta. No es reversible así que si en los próximos 20 años surge una cura para la disfunción eréctil, no podré usarla. Mi consejo para quienes tienen este problema es que encuentren a alguien con quien hablar honestamente sobre ello antes de aceptar un tratamiento”.

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