Por Ruben Peña Blanco
17 noviembre, 2016

«No existe mayor tormento que el creer que has concebido un niño, y de repente te lo arranquen de tu vida».

Jonathan Grindon, un profesor universitario londinense, ha confesado vivir un tormento después de enterarse de que su esposa utilizó el esperma de otro hombre para tener un hijo que él siempre creyó era suyo hasta los seis años de edad. Por lo que decidió llevar a la mujer a la corte y demandarla por el sufrimiento que le causó.

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Grindon ganó la demanda y recibió 40.000 libras en compensación. Sin embargo, ha perdido todo acceso a Timoteo, el niño de ahora 11 años, y es incapaz de oponerse a la decisión de la corte.

El profesor reveló a The Daily Mail «no existe mayor tormento que el creer que has concebido un niño, creyendo totalmente que es de tu propia sangre, y de repente te lo arranquen de tu vida».

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«Él era el más precioso, pequeño, minúsculo, era perfecto. Era mi adoración, un amor a primera vista (…) pero todo resultó ser mentira», expresó.

Se enfrentó a obstáculos tras haber tenido una vasectomía con anterioridad y su esposa sufrir de problemas de fertilidad. Por esa razón decidieron realizar una fecundación in vitro en una clínica española donde podrían usar óvulos de una mujer de la localidad fertilizado por el esperma recogido de los testículos de Grindon, un procedimiento clínico que le costó 7.000 libras.

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En enero de 2005, con el matrimonio bajo tensión, los óvulos donados fueron fertilizados y transferidos al útero de su entonces esposa Annette. Sin embargo ella había viajado antes a España sin Jonathan, y aprovechó para utilizar el esperma de un ex novio para fertilizar los óvulos.

Sin darse cuenta del engaño Jonathan fue feliz cuando Annette le dijo que estaba embarazada. Su hijo nació en el 2005.

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Pero después de varias discusiones y problemas en la relación Annette decidió confesarle que no era su hijo. Allí comenzaría un proceso legal que culminó con la compensación económica para Jonathan y la orden de alejamiento del niño.

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«Mi única esperanza ahora es que, recordando todos los momentos felices que pasamos juntos, él va a quiera reavivar una relación conmigo cuando sea adulto y sea capaz de decidir por sí mismo», comentó.

Al final de cuentas, ninguno de los dos pensó en el más afectado: el niño.

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