Por Alex Miranda
28 agosto, 2018

Las jirafas están cada vez más cerca de la extinción, pero parece que a los que hacen productos con sus pieles no les interesa, y tampoco a la gente que les compra esos objetos.

Algo muy preocupante está pasando, la población de jirafas en estado salvaje se está reduciendo drásticamente, mientras que la venta de productos hechos con sus pieles o huesos está prosperando cada vez más.

De acuerdo a un informe de la Sociedad Humanitaria de Estados Unidos y sus filiales internacionales, se importaron más de cuarenta mil partes de jirafas muertas a EE. UU. entre 2006 y 2015. La mayoría se termina convirtiendo en almohadas, botas, mangos de cuchillos o incluso cubiertas para biblias, un uso muy popular, contrario a lo que uno pueda creer.

La venta de este tipo de productos es completamente legal, pero la organización que entregó los informes dice que se requieren restricciones. De hecho, se han unido a otros grupos de defensa como el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, todo con el afán de que se brinde protección al incluir a las jirafas dentro de la lista de las especies en peligro de extinción.

AP / Rebecca Blackwell

Hábitat y caza furtiva

En el año 2016, un estudio realizado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (IUCN), determinó que la población de jirafas a nivel mundial había bajado de manera preocupante, de hecho, las cifras hablan por si solas: desde 1985 la población a bajado de 150.000 a 100.000 ejemplares ¿Por qué pasa esto? Por dos cosas: la pérdida de su hábitat y la caza furtiva de la gente local que quiere su carne.

La principal causa de que las partes de las jirafas lleguen a Estados Unidos parece que es la caza de trofeos, al menos según Adam Peyman, director de operaciones y programas de vida silvestre para la Sociedad Humanitaria Internacional, también cree que eso es un factor, pero que por si sola, la caza de trofeos no produce el peligro de extinción al que se ven expuestas hoy las jirafas.

Tristan Spinski / The New York Times

Pero, sin embargo, todo el comercio en base a la jirafa hace que sea muy complicado que la pongan en el listado de animales en peligro de extinción, ya que eso significaría que su importación, exportación y comercio internacional requerirían un permiso especial de el Servicio de Pesca y Vida Silvestre, quienes decidirán si la acción ayuda o no a la especia a mantenerse con vida.

El mismo Peyman comentó que:

“No podemos permitir más presión para esta especie en medio de lo que los expertos han llamado una extinción silenciosa. Estos son productos que a la mayoría de las personas no le interesarían, pero creo que es importante concientizarlas acerca del hecho de que estas cosas se están vendiendo”.

$7,500 dólares por una jirafa

Peyman también afirma que, normalmente, los cazadores de trofeos se quedan con la cabeza y parte del cuello de la jirafa para uso personal, dejando el resto del animal en manos del proveedor que organizó la caza para su eventual venta.

El Safari Club Internacional, organismo conocido por promover los derechos de cazadores y conservación de la vida silvestre, mencionó en una declaración que «a partir de la retórica que utilizan los medios la caza legal regulada es una de las vías más eficaces para la conservación”. Curiosamente, la declaración que defiende la caza también hizo referencia al estudio de la IUCN de 2016, pero esta vez para argumentar que las poblaciones de jirafas son más saludables en naciones como Angola -donde es legal la caza-, a diferencia de Kenia, donde no es legal y las cifras han bajado drásticamente. 

Tristan Spinski/The New York Times

Un investigador que trabaja para la organización estadounidense de la sociedad decidió infiltrarse en una veintena de sitios para rastrear hasta donde llegan las partes de jirafas y hablar un poco con los vendedores. Uno de los descubrimientos fue que se vendía el cuerpo disecado de una jirafa en $7500 dólares. También algunos otros objetos de mal gusto, como una almohada hecha con la cabeza del animal, con todo y pestañas, o los forros de biblias que se venden por $400 dólares, al igual que las botas. A estos dos últimos objetos se les quitan los pelos, cosa que no se distinga que el principal componente es de jirafa.

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