Por Alex Miranda
20 agosto, 2018

Los afectados simplemente se desplomaban en un concurrido parque familiar.

Una extraña escena se vivió el pasado miércoles en New Haven Green, un parque bastante céntrico situado al lado de la Universidad de Yale. No era difícil notar que algo raro había pasado, solo había que notar las marcas que habían tenido que dejar las ambulancias que invadieron el césped del parque para asistir a una avalancha de intoxicados por consumir una droga diseñada para ser cien veces más potente que la marihuana. Hasta 76 sobredosis se contaron en un día, a los que más adelante se le sumarían una veintena más.

Las sobredosis de este tipo -por estupefacientes- provocaron 72.287 muertes el año pasado en el país del norte, según estadísticas entregadas por el Centro para el Control de las Enfermedades (CDC). Estos números son una cifra que representa un aumento del 10% en un año, superando a las víctimas que dejan los accidentes automovilísticos y por armas de fuego.

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«Una amenaza para la salud pública»

El alcalde de New Haven, Toni Harp, insiste en que este episodio es un reflejo de las dificultades que tienen las autoridades locales de EE. UU. para frenar a estas drogas que son «una amenaza para la salud pública». El pasado 4 de julio ya tuvieron que enfrentar un escenario similar -solo que con 14 casos- durante el Día de la Independencia, además de otro, en Brooklyn el pasado mayo, con más de un centenar de afectados.

El origen de todas estas sobredosis se le achaca a la droga sintética conocida como K2 o Spice, una forma de cannabis sintética. El director de operaciones de emergencia de Connecticut, Rick Fontana, explicó que contaron hasta 25 sobredosis en un margen de 3 horas. Hubo momentos en que derechamente tuvieron que atender seis casos a la vez, e incluso llegaron a cortar una rueda de prensa para atender más víctimas, que «se desplomaban a la vez». Por suerte, solo dos de estos afectados demostraron reales síntomas de que su vida corría peligro.

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Tanto los centros que buscan controlar estas drogas, como las autoridades locales, están realizando campañas intensas para alertar al público sobre los peligros de las drogas sintéticamente diseñadas. Uno de los puntos más importantes, y que tratan de dejar claro, es que el cannabis sintético provoca efectos diferentes e impredecible, hasta el punto de provocar ataques al corazón o incluso algunos daños más importantes y -por lo tanto- irreversibles.

«Es como una nueva forma de guerra»

Afortunadamente, esta vez no hubo víctimas fatales, pero no deja de ser preocupante este escenario, ya que ni el Sida había matado a tantas personas en Estados Unidos en un año como las sobredosis lo están haciendo. La mayoría de estas muertes pasan por consumir opiáceos, y uno de los más famosos y comunes en el país del norte es el fentalino, una droga que -según estudios- es 50 veces más fuerte que la heroína y que ya ha matado a más de 29.000 personas por su sobredosis. En cuestión de muertes, la droga que le sigue es, precisamente, la heroína.

Si sumamos las muertes por sobredosis de todas las drogas, el equivalente será que una persona muere cada ocho minutos. El presidente de USA, Donald Trump, declaró el año pasado que la situación es una emergencia de salud publica importante. Bajo ese contexto, el Departamento de Justicia y Agencia Antidroga (DEA) acaba de proponer que se aplique a las farmacéuticas un límite de producción de sustancias que puedan derivar en estas nuevas drogas sintéticas.

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Pero, como señala John Alston, jefe de Bomberos de New Haven: «la gente se automedica por muchos motivos», y advierte que es un problema que no se va a resolver a corto plazo. A los expertos del CDC, de hecho, les preocupa que sustancias como el fentalino se mezcle con otras drogas para potenciar su efecto, y es que muchos de los intoxicados por K2 también habían consumido opiáceos.

Donald Trump, buscando terminar con el problema, urgió al fiscal general Jeff Sessions, a que proceda a demandar a las compañías farmacéuticas que producen opiáceos. Pero el problema es más grande , ya que muchas veces estas sustancias llegan de países como China o México. «Es como una nueva forma de guerra», dijo Trump sobre el problema.

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