Por Alejandro Basulto
6 octubre, 2020

Un libro escrito por uno de sus más grandes amigos, demuestra una faceta poco conocida suya. Donde sus groserías y su difícil carácter hacían difícil el día a día a quienes vivían con él.

El aporte de Stephen Hawking a la ciencia y al mundo, es innegable. Uno de los genios más brillantes que se han visto en el mundo en los últimos años. Una persona brillante que de seguro tiene un honroso sitial junto a los más destacados científicos, entre ellos, Albert Einstein e Isaac Newton. Con contribuciones tales como sus teorías sobre los agujeros negros y acerca de las singularidades espaciotemporales en el marco de relatividad general, Stephen ha logrado marcar un antes y un después en su área de la astrofísica, sin olvidar que también destacó en la divulgación científica. Logros obtenidos a pesar de su esclerosis lateral amiotrófica (ELA), que lo afectó desde muy joven.

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Una enfermedad que lo dejó en silla de ruedas, pudiendo mover solo algunos músculos, además de que solo podía comunicarse a través de un intercomunicador. Condición que posiblemente influenció su carácter, como pudo verse un poco en la película, La Teoría del Todo, porque pasar desde la independencia a prácticamente la total dependencia por esta enfermedad, muy probablemente terminó afectando su estado de ánimo. Lo que atestiguó un gran amigo suyo como Leonard Mlodinow, otro físico y matemático autor de varios libros y de hasta guiones de series como Star Trek.

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La amistad de Leonard y Stephen fue tan bien llevada, que de hecho escribieron juntos El Gran Diseño, uno de los últimos textos publicados del astrofísico británico. Durante casi ochos años fueron amigos muy cercanos y estrechos, lo que Mlodinow quiso dar a conocer, dos años después de la muerte de Hawking, en su libro Stephen Hawking: A Memoir of Friendship and Physics (Stephen Hawking: unas memorias de amistad y física), en el que cuenta anécdotas y detalles curiosos sobre el tiempo que convivieron. Texto que permite conocer más la personalidad del genio británico.

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Y claramente Stephen Hawking, como todo ser humano, no era perfecto. Era una persona de mal carácter, egocéntrica, burlesca, grosera y muy exigente. Solía enojarse con facilidad y muchas veces exasperaba a quienes lo rodeaban. “Vivir con él podía fácilmente volver loca a una persona (…) A su lado, el caos era normal, el tiempo era imposible de administrar y los ‘gracias’ eran pocos y espaciados”, contó en su libro, Leonard. Mismo científico, que a pesar de relatar que llegó a encariñarse mucho con Hawking, también contó que sus sesiones de trabajo eran tan pesadas, que comenzó a fumar frecuentemente.

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Tanto Jane como Elaine, sufrieron con su complejo comportamiento. Con las que tuvo varias peleas, y por sobre todo con Jane. En su caso, ella se sintió invisibilizada luego de dedicar sus días a cuidar de su esposo. En sus últimos días, Hawking hasta empezó a aislarse del mundo. Se encerraba mucho y se dedicaba a pensar teorías científicas y a seguir redactando su último libro (Breves respuestas a las grandes preguntas). Durante ese tiempo casi no hablaba y con suerte emitía un monosílabo a través de su intercomunicador. En su mayoría instrucciones cortas para sus cuidadores. Soledad que solo se vio interrumpida cuando veía a su hijos o algunos colegas. El precio de la genialidad, según Mlodinow.

 

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