Por Luis Lizama
20 julio, 2020

Está ubicado en la Isla de Svalbard, entre Noruega y el Polo Norte. Fue creado para preservar todas los especímenes vegetales del planeta, congelados para sobrevivir pandemias, guerras, inundaciones, terremotos y todo lo que puedas imaginar.

Sobrevive a todo, así de simple. El Banco Mundial de Semillas de Svalbard es una base biológica, creada para preservar millones de especies. Se trata de un almacén subterráneo de más de mil metros cuadrados, que fue inaugurado en 2008, pensando en el futuro de la humanidad. Cada vez la situación es más compleja para los seres humanos y esta es una manera de “estar preparados”.

Ojalá nunca lleguemos a necesitar de él, pero en caso de requerirlo, está disponible.

Es apodado como el “búnker del fin del mundo”, guardando un alto porcentaje de las especies vegetales del planeta, lista y dispuesta en caso de un apocalipsis. 

La humanidad está expuesta a muchos peligros. Las guerras, por ilógico que pueda sonar, podrían acabar con todos nosotros, pero también (Y mucho más probable) es que antes nos extermine un virus o una pandemia. La posibilidad de un accidente extraterrestre o invasión alienígena no está descartada -en lo absoluto-, igual que un fenómeno natural, ya sea terremoto, tornado o tsunami. 

Todo eso, en el papel, podría ser resistido por esta cámara.

Por años se ha especulado con la existencia de “arcas” o naves que salvarían a lo “mejor” de nuestra especie (O en su defecto a multimillonarios). De hecho, muchos de ellos tienen sus propias bóvedas para resistir el apocalipsis. Pero esa es harina de otro costal. 

Esta alucinante estructura tiene varias secciones: Desde el puente para ingresar y la entrada al túnel, con todo tipo de precauciones para no acarrear infecciones o cosas por el estilo, pasando por cámaras de protección a la erosión hasta las compuertas cerradas al vacío.

Es una obra maestra.

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En su interior, pasando las cámaras al vacío, están los tesoros de la humanidad. Son más de un millón de semillas de todo el planeta, desde Perú hasta Corea. Es el último guardián de los cultivos vegetales y, tal como destaca el medio Traveler, está lejos de su objetivo final.

A pesar de lo que pensáramos muchos, no se trata de una bóveda secreta destinada a preservar al ser humanos. Su funcionamiento se da para fines científicos, una especie de banco de genes, que ya se ha usado un par de veces. En el contexto de la guerra civil Siria, donde se perdió acceso al banco de genes de Alepo.

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Sin dudas que su carácter apocalíptico hace a esta bóveda bastante misteriosa, a esto además hay que sumarle que muy pocas personas han logrado entrar. Son pocos los afortunados.

Lo cierto es que su funcionamiento ha sido de momento muy efectivo, funcionando un par de veces y aumentando año tras año sus muestras. Afortunadamente todavía está lejos de cumplir su objetivo de resguardar las especies, pero si llegase a necesitarse, está lista y dispuesta.

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