Por Maximiliano Díaz
29 mayo, 2018

El Gobierno estadounidense separa a los hijos de padres indocumentados y los manda a hogares de acogida. Ya le perdieron el rastro a 1.500, y este mes volvieron a meter al país a otros 600 niños.

Trump tiene bastante claro lo que quiere, y lo que no también. Para él, un país libre de inmigrantes indocumentados es el verdadero sueño americano. Sus obsesiones tienen que ver con no dejar a nadie que tenga la piel morena. Los inmigrantes significan en su forma de ver el mundo, un peligro: portadores del narcotráfico, la delincuencia, la pobreza, y el desequilibrio del mercado laboral. No debe haber más opciones para ellos.

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Bajo esta lógica, no es nada extraño que el gran ícono de su gobierno sea un enorme muro que separe a la frontera de los Estados Unidos con la de México. Eso ahorraría muchos problemas para los gringos: camiones y camionetas llenos de indocumentados, los largos peregrinajes extranjeros bajo el sol del desierto, y por supuesto, todas las sustancias que meten los supuestos delincuentes al país de la libertad.

El problema de los niños

Las cosas no se frenan ahí. No hay que ser un estudioso del fenómeno migratorio para saber que hay familias mexicanas que deciden moverse enteras hasta los Estados Unidos. Ellas, en búsqueda de mejores oportunidades para sus vidas, cruzan juntas la frontera: parejas sin hijos, con uno, dos o tres, son igual de comunes en la línea imaginaria de los países que los hombres solos. También es sabido: no todos logran pasar la línea. Los deportados van a prisión o son devueltos a su país. Depende de su situación legal al momento de ser descubiertos.

Como muchos saben, el muro aún no está completamente financiado, y aún no ha comenzado a levantarse. A pesar de que Trump ya vio posibles prototipos de la estructura que se alzará por toda la línea de Estados Unidos y México, aún faltan algunos preparativos claves para el gran proyecto del magnate. Por mientras, hizo una promesa: poner a oficiales del ejército armado en la frontera. Ya no hay compasión para inmigrantes ni sus familias. Los soldados, hoy por hoy tienen la orden de presentar cargos delictivos sobre cualquier persona que cruce ilegalmente de México a los Estados. Ya no importa ni siquiera cuál sea su situación personal (ya no será un motivo para dejarlo entrar si, por ejemplo, está solicitando asilo).

John Moore

Esta mano dura en la frontera no ha afectado solamente a los participantes más activos de la migración. Los dañados ya no son solo padres y madres que arriesgan todo y venden sus pertenencias esperando pagar un alquiler barato en los Estados Unidos mientras buscan un trabajo. Ahora, desgraciadamente, sus hijos también se están viendo afectados por esto. Las familias que cruzan sin papeles y llevan a un niño a cuestas, también son detenidas sin ningún tipo de contemplación, y el menor les es arrebatado. Al no poder ponerle cargos encima, ni tampoco ser llevados a la cárcel junto a sus padres, el estado pasa a considerarlos “menores no acompañados” y el gobierno debe hacerse cargo de ellos. Entonces, los llevan a casas de acogida, con extraños a los que jamás han visto y que probablemente hablen otro idioma, hasta que la situación de sus padres se regularice. En teoría, esto debería durar un par de días, sin embargo, si los padres de estos menores salen de las cárceles mientras se resuelve su situación migratoria en los tribunales, se puede extender durante todo lo que dure el juicio. 

Según el Gobierno, cerca de 700 menores fueron separados de sus padres desde octubre del año pasado hasta mayo, pero parece ser que la cifra explotó durante mayo. Según un alto mando de la policía gringa, en solo 13 días (entre el 6 y el 19 de mayo), 638 adultos fueron descubiertos cruzando ilícitamente la frontera. Con ellos, iban un total de 658 menores.

Jorge Duenes

Al momento de consultar a Trump por las nefastas consecuencias para los menores con estas nuevas políticas, él ha hecho lo imposible por culpar a los progresistas. Le ha dicho a todos los medios que la culpa es del Partido Demócrata y, por supuesto, augura cosas mucho peores gracias a las supuestas medidas de sus opositores. Es más, el sábado recién pasado, el presidente twitteó:

“Presiona a los demócratas para acabar con la ley horrible que separa a hijos de sus padres cuando cruzan la frontera hacia EE UU”.

También acusaba al mismo partido de proteger a las bandas salvadoreñas más violentas que llegaban al país a delinquir, y aprovechó la instancia para volver a pedir fondos para levantar el muro. Sin embargo, no es una enorme sorpresa saber que el presidente está mintiendo. Fue su Gobierno el que decidió perseguir a los inmigrantes. La noticia la dio el fiscal general Jeff Sessions el pasado 7 de mayo. Según él, habría una persecución judicial del 100% en la frontera. Dando su discurso contra los inmigrantes, Sessions dio una cruda y triste advertencia:

“Si no quiere ser separado de su hijo, entonces no los traiga ilegalmente a la frontera. No es nuestra culpa que alguien haga eso”.

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Según Mark Meadows, un gran aliado de Trump que suele ir en representación de los valores antiinmigración, hay un enorme riesgo en que los adultos que viajan con esos niños no sean en realidad sus padres. Argumento que han derribado con facilidad otros congresistas, tanto demócratas como republicanos, lo que hace parecer que Trump ya no tiene tanta seguridad ni representación en el Congreso, sobre todo cuando se trata de una ley que busca separar familias.

El origen de la ley

Pero, a pesar de cómo se esté ejerciendo la ley bajo el Gobierno de Trump, lo cierto es que esta estaría basándose en una ley del 2008 cuyo objetivo era luchar contra el tráfico de menores. Esta establecía que los menores que viajaban solos, y no eran de México ni Canadá, debían ser liberados del modo “menos restrictivo” posible mientras su causa entraba en el tribunal migratorio. Apoyados en eso, es que el gobierno actual decide enviar a los menores a hogares de acogidas o refugio. Los primeros pueden ser tutores inscritos en un programa gubernamental, o familiares que vivan dentro del país.

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Aunque parece ser que el Gobierno no considera ni la más mínima astucia infantil. Se está obviando constantemente el hecho de que los menores puedan no asistir a las citas judiciales, o que los funcionarios del Estado no puedan dar con los tutores que tendrían bajo su cargo a los menores. 

Hace poco, el Departamento de Salud y servicios Humanos dio a conocer que le había perdido el rastro a 1.475 menores de edad que fueron entregados a familias de acogida. La razón es que no habrían podido contactar con sus tutores.

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Al saber esto, la ciudadanía y el Congreso se alzaron en contra del presidente. No conforme con separar a familias que llegaban a los Estados Unidos en búsqueda de un cambio que consideraban necesario para sus vidas, su Gobierno optó por enviar a los menores con desconocidos a lugares indeterminados. Y hoy, no pueden dar con ellos. 

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