Por Vicente Quijada
6 julio, 2018

Sin embargo, el juez no pitó -ni revisó- y los belgas clasificaron a semifinales. ¿Era penal?

Era uno de los duelos más esperado y, con Neymar entre el once de Brasil, apuntaba a ser uno polémico. Y así fue, pero no con el astro del PSG como protagonista del escándalo, sino que Gabriel Jesús. 

El delantero del Manchester City se infiltró en el área con clase, le clavó un caño espectacular a Vertoghen y, cuando ya encaraba hacia el arco, fue derribado por Kompany. Cabe destacar, eso sí, que el balón se iba para afuera en el último amague del brasileño, pero el contacto fue con el balón en juego. 

Como era de esperar, los jugadores del “Scratch” reclamaron airadamente la jugada, exigiendo el penal a favor y el serbio Milorad Mazic recibió señales desde el VAR. La jugada estaba siendo revisada por los árbitros del vídeo arbitraje, mientras todo Brasil esperaba con ansias el resultado. Más que mal, con el marcador 2-0 en contra y a los 55′, ese penal podía abrir la ruta de la remontada. 

Sin embargo, desde “arriba” no consideraron los reclamos de la “canarinha” y descartaron la pena máxima, sin que el referí central viera siquiera la repetición.

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A favor del belga está que encogió las piernas antes de tocarlo y, además, la pelota iba hacia afuera, por lo que no estaba evitando una jugada de peligro del brasileño. Aún así, el contacto existe, se ve en la repetición claramente y, manual en mano, la acción debió ser sancionada. 

Minutos más tarde, en el 76′, llegaría al fin el descuento de la verdeamarelha, por medio de Renato Augusto, pero no sería suficiente. El principal candidato se queda afuera contra Bélgica, en el que fue, según el mismo Kompany, el duelo “más importante de esta -dicha- generación”. ¿Debió cobrar?

 

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