Por Maximiliano Díaz
10 agosto, 2018

Seguramente todos hemos visto cuando los dueños se esconden tras cortinas o toallas y luego desaparecen de la vista de las mascotas, algo que nunca hay que hacer.

La historia es común: una familia adopta a un perro. En algún momento, se aburre de él. Entonces, lo llevan a dar un paseo: lo suben al auto. El padre o la madre del grupo conduce hasta el campo. Allá, cerca de los baldíos, donde los pastizales se confunden con el paisaje, abren la puerta trasera. El perro, emocionado, se baja. Respira. El aire del campo está mucho más limpio que el de la ciudad. Se voltea, mueve la cola esperando que su familia lo siga a él también. Reconocen el paseo como una instancia para el disfrute. Pero no pasa nada. Se cierra la puerta, el auto vuelve a moverse. Primero, muy lento. De a poco, gana velocidad. No hay orfandad ni culpa en los sentimientos de las personas que dejaron ahí a la mascota. Al final, el auto se pierde en el horizonte.

Un perro ha sido abandonado

Pixabay

A pesar de que el internet y las asociaciones animalistas se han preocupado por denunciar esas malas prácticas, e intentar educar de la manera más amable y estricta a las personas en cuanto a la tenencia responsable de animales, el abandono de las mascotas es algo recurrente. Sobre todo cuando pensamos en especies carismáticas y que viven más o menos harto. En el caso de los perros, por ejemplo, que una vida dependa de ti durante los 18 años que podría vivir (en el mejor de los casos), suele ser algo que la gente no llega a dimensionar. Entonces, un día, se abruman. Piensan que esta especie de paternidad es desechable.

Está de más decir que no lo es. Y los animales resienten y recuerdan estas cosas. A pesar de que su nivel intelectual no está demasiado desarrollado, y pensemos en ellos como especies que solo existen en función de la compañía, guardan dentro de sí la emocionalidad y la memoria.

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Parece ser que poco es lo que saben de esto las personas que han adherido al #WhattheFluffchallenge (un juego de palabras entre “what the fuck”: “qué mierda”; y la palabra “fluff”: algo que podría traducirse como pelusa, pero hace alusión a lo blando, apretable o esponjoso). El what the fluff, al igual que los otros challenges, se ha vuelto popular solo por la misma cabida que la gente le ha dado en las redes sociales. Parece ser que vivimos en la época donde la reproducción hace a la fama. Ya no vale que tus padres te pregunten “si todos saltan de un risco, ¿tú lo harás también?”, porque si ese salto viene antecedido de la palabra “challenge”, tus padres saltarán contigo.

Pero volvamos al what the fluff. Un desafío que consiste, básicamente, en despistar a las mascotas. Los participantes son, obviamente, los dueños. Toman una cámara, la apoyan en una superficie segura y graban una interacción del amo con el can. En todos los vídeos, los perros, atentos, miran a sus dueños. Ellos alzan una toalla o cortina, algo que pueda cubrirles por completo el cuerpo) y la dejan caer. Antes de que su caída les permita ser vistos de nuevo, escapan del campo visual del perro. Un acto de magia, especie de desaparición.

Youtube/Dogs are awesome

La mascota se desespera por unos segundos, hasta volver a encontrar a su amo. Entonces, todo está bien.

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Lo que muchos de estos dueños no saben, es que esto podría ser considerado un micromaltrato por la sensación que hace sentir a los animales. A pesar de que el desafío se vea como algo gracioso e inocente, el perro no lo pasa nada de bien. Los perros, de partida, reaccionan mal porque no saben a dónde se han ido sus dueños. Y, a pesar de que pensemos en este acto con la ternura de “quiere a su amo”, lo cierto es que esa actitud está fundado en el terror a ser abandonados. La soledad es una sensación que ambas especies podemos sentir. Mucho peor si es un perro que ya ha sido abandonado, pues, aunque su memoria no sea demasiado sofisticada, es importante recordar que los perros también pueden hacer el ejercicio de traer para sí mismos los traumas pasados.

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El llamado a evitar este “juego” ya ha sido emitido por algunas fundaciones, entre ellas la Pet SOS Foundation, desde donde aseguran que la sensación de los perros durante los primeros momentos de abandono es bastante parecida a la que les cae encima durante el what the fluff challenge.

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